Garazi Álvarez-Guerrero
Profesora ayudante doctora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la facultad de Educación y Deporte de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
El estudio publicado en Nature sobre la mediación tecnológica en la explotación y el abuso sexual infantil en África y Asia se apoya en una base de datos muy amplia y representativa, con datos de encuestas de 11.912 menores de entre 12 y 17 años de 12 países de África y Asia. Este estudio nos aporta evidencias muy sólidas sobre un problema del que no se quiere hablar y del que investigaciones previas ya alertaban, y es que no hay el suficiente conocimiento de que suceda la violencia sexual digital contra menores. El estudio analiza cuántos niños, niñas y adolescentes sufren este tipo de abusos, incluyendo si consiguen pedir ayuda y qué barreras encuentran para hacerlo.
El dato más preocupante es que uno de cada seis menores usuarios de internet sufrió alguna forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología y que más de la mitad no se lo contó a nadie. Por otro lado, un dato que destacan las propias personas investigadoras del estudio es que los datos se recogieron antes del auge de la inteligencia artificial generativa, por lo que no reflejan algunas nuevas formas de abuso como los deepfakes sexuales. Si queremos ir a la raíz, estas serían las dinámicas sociales que hacen que se consuman materiales de explotación y abuso sexual infantil; solo de esa forma se lograría superar este problema.
El mensaje que lanza este artículo es muy claro tanto a nivel internacional como en España: no basta con pedir a los menores que denuncien, sino que es fundamental que sepan dónde acudir, que existan canales de ayuda accesibles y seguros y que familias, escuelas, servicios sociales, fuerzas de seguridad y plataformas digitales trabajen de forma coordinada.
En este sentido, es fundamental que se actúe en base a los principios internacionales como el upstander intervention, generando una red de apoyo a estas víctimas que las proteja y que les ayude a romper el silencio hacia los abusos. Por ejemplo, el Club de Valientes Violencia 0 es una de las Actuaciones de Éxito (AEE) que logra resultados y que está transformando el mundo protegiendo a la infancia desde las primeras edades. Romper el silencio es un paso que muy pocas víctimas se atreven a dar porque saben que existe una violencia aisladora que les revictimizará y que irá en contra de las personas que más les apoyan. Si queremos que las víctimas de cualquier tipo de abuso sean supervivientes es imprescindible respetar sus voces y que no se actúe nunca en contra de su voluntad.