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Guillermo Ortuño Crespo

Codirector del Grupo de Especialistas en Alta Mar de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

Creo que es un estudio metodológicamente sólido y de gran valor que aporta evidencia valiosa sobre cómo distintos componentes del calentamiento oceánico afectan a la biomasa de peces. El trabajo es especialmente importante porque confirma un mensaje ya bien respaldado por la literatura: el calentamiento crónico del océano está asociado a descensos persistentes de la biomasa.

Estos resultados son coherentes con el conocimiento fisiológico existente. El aumento de la temperatura del océano y sus efectos asociados (como la reducción del oxígeno disuelto, la estratificación y cambios en la productividad) tienen impactos bien documentados sobre el metabolismo, el crecimiento y el éxito reproductivo de muchas especies marinas.

Dicho esto, hay matices importantes que requieren una mayor investigación. Los cambios en la biomasa observada pueden reflejar no solo variaciones reales en abundancia, sino también redistribuciones espaciales de las poblaciones a lo largo de su rango, un proceso ampliamente documentado en sistemas marinos en calentamiento. Distinguir entre desplazamientos y cambios netos de biomasa seguirá siendo un reto científico clave y creo que existen las herramientas de modelaje espacial para intentar predecir estos cambios de distribución.

Es positivo y riguroso que los propios autores reconozcan que “desentrañar completamente los impactos de la pesca de aquellos de los impulsores climáticos está fuera del alcance de este estudio”. Al mismo tiempo, subraya la necesidad de evitar una narrativa simplista que atribuya los cambios de biomasa exclusivamente al cambio climático. A pesar de que no es el objetivo de los autores, existe el riesgo, en mi opinión, de que el cambio climático se convierta en la principal explicación de los cambios de biomasa en especies marinas, dejando de lado la sobreexplotación pesquera. Históricamente, la sobreexplotación ha sido el principal determinante de las disminuciones de biomasa en muchas pesquerías del mundo. Según la FAO, la proporción de poblaciones sobreexplotadas a nivel global sigue en aumento, lo que indica que la presión pesquera continúa siendo un factor dominante de riesgo. El reto actual es que esta crisis de sobrepesca se ve cada vez más acentuada por el calentamiento oceánico y la desoxigenación.

En términos de política pública, el estudio es muy relevante porque subraya que los sistemas de gestión pesquera deben volverse más adaptativos al clima. Coincido con los autores en que existe un riesgo real de sobreexplotar aumentos transitorios de biomasa asociados a eventos cálidos si los límites de captura no incorporan explícitamente la variabilidad climática. Sin embargo, cualquier reforma del manejo debe abordar simultáneamente ambos motores de cambio: el climático y el pesquero. Ajustar cuotas únicamente en función del clima sin reducir la sobrecapacidad y el impacto de artes de alto impacto, como el arrastre de fondo, probablemente será insuficiente para recuperar poblaciones.

En conclusión, creo que este estudio representa una contribución importante para avanzar hacia enfoques de gestión pesquera más dinámicos y basados en ecosistemas en un océano cambiante. Sus resultados deberían interpretarse dentro del contexto más amplio de la crisis global de sobrepesca, que sigue siendo y probablemente continuará siendo un factor determinante de la salud de las poblaciones marinas en un océano cada vez más cálido y con menos oxígeno.

ES