Las olas de calor marinas provocan un descenso de casi el 20 % anual en la biomasa de peces

Una nueva investigación que analiza más de 33.000 poblaciones de peces en el hemisferio norte entre 1993 y 2021 revela que el calentamiento crónico del océano está impulsando un descenso a largo plazo de la biomasa de hasta el 19,8 % anual para las especies del Mediterráneo, el Atlántico Norte y el Pacífico Nororiental. Al mismo tiempo, a corto plazo, se observa que en zonas frías prosperan más peces con el calor, pero son incrementos transitorios y los autores alertan de que confiar en ellos daría lugar a una explotación insostenible. El estudio, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad Nacional de Colombia, se publica en Nature Ecology & Evolution. 

25/02/2026 - 11:00 CET
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Carlos García-Soto - biomasa peces

Carlos García-Soto

Investigador del CSIC (IEO), responsable de la Unidad de Evaluación del Sistema Océano-Clima, que ha sido coordinador del Informe Oceánico Mundial (WOA, Naciones Unidas) y delegado en la COP de Cambio Climático (UNFCCC), el Tratado de Alta Mar (BBNJ) y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA)

Science Media Centre España

Este estudio muestra una dinámica que debería preocuparnos desde el punto de vista de la gobernanza: el calentamiento a largo plazo reduce la biomasa pesquera, mientras que las olas de calor pueden generar aumentos transitorios que enmascaran la tendencia de fondo. Esa combinación introduce un riesgo claro de mala interpretación en la toma de decisiones. 

Las ganancias temporales pueden incentivar incrementos del esfuerzo pesquero o retrasar medidas de gestión, cuando en realidad el sistema está perdiendo capacidad productiva estructural. El problema no es solo la variabilidad extrema, sino confundir episodios puntuales con cambios duraderos. 

En un contexto de cambio climático acelerado, las políticas no pueden reaccionar únicamente a eventos extremos ni basarse en señales de corto plazo. Necesitan coherencia entre ciencia, planificación y gobernanza, especialmente en ecosistemas compartidos o en alta mar. 

En definitiva, el reto no es solo medir mejor la biomasa, sino evitar que las señales transitorias nos distraigan de las transformaciones estructurales del sistema océano–clima.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Guillermo Ortuño Crespo - biomasa peces

Guillermo Ortuño Crespo

Codirector del Grupo de Especialistas en Alta Mar de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)

Science Media Centre España

Creo que es un estudio metodológicamente sólido y de gran valor que aporta evidencia valiosa sobre cómo distintos componentes del calentamiento oceánico afectan a la biomasa de peces. El trabajo es especialmente importante porque confirma un mensaje ya bien respaldado por la literatura: el calentamiento crónico del océano está asociado a descensos persistentes de la biomasa.

Estos resultados son coherentes con el conocimiento fisiológico existente. El aumento de la temperatura del océano y sus efectos asociados (como la reducción del oxígeno disuelto, la estratificación y cambios en la productividad) tienen impactos bien documentados sobre el metabolismo, el crecimiento y el éxito reproductivo de muchas especies marinas.

Dicho esto, hay matices importantes que requieren una mayor investigación. Los cambios en la biomasa observada pueden reflejar no solo variaciones reales en abundancia, sino también redistribuciones espaciales de las poblaciones a lo largo de su rango, un proceso ampliamente documentado en sistemas marinos en calentamiento. Distinguir entre desplazamientos y cambios netos de biomasa seguirá siendo un reto científico clave y creo que existen las herramientas de modelaje espacial para intentar predecir estos cambios de distribución.

Es positivo y riguroso que los propios autores reconozcan que “desentrañar completamente los impactos de la pesca de aquellos de los impulsores climáticos está fuera del alcance de este estudio”. Al mismo tiempo, subraya la necesidad de evitar una narrativa simplista que atribuya los cambios de biomasa exclusivamente al cambio climático. A pesar de que no es el objetivo de los autores, existe el riesgo, en mi opinión, de que el cambio climático se convierta en la principal explicación de los cambios de biomasa en especies marinas, dejando de lado la sobreexplotación pesquera. Históricamente, la sobreexplotación ha sido el principal determinante de las disminuciones de biomasa en muchas pesquerías del mundo. Según la FAO, la proporción de poblaciones sobreexplotadas a nivel global sigue en aumento, lo que indica que la presión pesquera continúa siendo un factor dominante de riesgo. El reto actual es que esta crisis de sobrepesca se ve cada vez más acentuada por el calentamiento oceánico y la desoxigenación.

En términos de política pública, el estudio es muy relevante porque subraya que los sistemas de gestión pesquera deben volverse más adaptativos al clima. Coincido con los autores en que existe un riesgo real de sobreexplotar aumentos transitorios de biomasa asociados a eventos cálidos si los límites de captura no incorporan explícitamente la variabilidad climática. Sin embargo, cualquier reforma del manejo debe abordar simultáneamente ambos motores de cambio: el climático y el pesquero. Ajustar cuotas únicamente en función del clima sin reducir la sobrecapacidad y el impacto de artes de alto impacto, como el arrastre de fondo, probablemente será insuficiente para recuperar poblaciones.

En conclusión, creo que este estudio representa una contribución importante para avanzar hacia enfoques de gestión pesquera más dinámicos y basados en ecosistemas en un océano cambiante. Sus resultados deberían interpretarse dentro del contexto más amplio de la crisis global de sobrepesca, que sigue siendo y probablemente continuará siendo un factor determinante de la salud de las poblaciones marinas en un océano cada vez más cálido y con menos oxígeno.

Declara no tener conflicto de interés
ES

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Sergio Moreno Borges

Técnico en el Instituto Español de Oceanografía (CSIC) e investigador del grupo BIOECOMAC (Universidad de La Laguna)

Este estudio sintetiza una enorme cantidad de datos recopilados durante décadas de investigación sobre los recursos pesqueros en la mitad norte del océano Atlántico. Los resultados se presentan de forma clara y conceptual mediante una serie de figuras muy ilustrativas, aunque detrás de esa aparente sencillez hay un notable esfuerzo de recopilación, estandarización y análisis de datos: más de 123.000 muestreos realizados entre 1993 y 2021. 

Obtener series temporales robustas y comparables a gran escala es extraordinariamente complejo en ecología marina, por lo que el valor de este trabajo radica no solo en la magnitud del conjunto de datos, sino también en su coherencia metodológica a lo largo del tiempo. Esto permite respaldar con solidez sus conclusiones sobre cómo el calentamiento progresivo reduce la biomasa total de peces, mientras que las olas de calor marinas tienen efectos dispares según la región y la especie en cuestión. Además, sus resultados encajan con tendencias previamente descritas a menor escala y consolidan la evidencia acumulada sobre los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos. 

Como todo estudio científico, existen limitaciones que deben tenerse en cuenta. En el caso de los modelos predictivos, no siempre es posible incorporar otros factores naturales y antropogénicos que también influyen en la biomasa, como la presión pesquera u otros cambios ecosistémicos. Asimismo, los datos proceden de campañas de arrastre científico, lo que implica que las conclusiones se refieren principalmente a las comunidades de peces asociadas a los hábitats muestreados, dejando fuera una parte de las comunidades costeras y otros entornos no cubiertos por esta metodología. 

En conjunto, se trata de un trabajo de gran fiabilidad que contribuye de forma clara a desentrañar las tendencias de cambio de numerosos stocks pesqueros frente al aumento de la temperatura del mar. Sus implicaciones para la gestión son evidentes: las autoridades responsables de regular el esfuerzo pesquero deberían incorporar este tipo de evidencia en sus marcos de decisión, promoviendo modelos de gestión más flexibles y con mayor capacidad de respuesta ante anomalías climáticas como las olas de calor marinas, cuya frecuencia e intensidad se prevé que aumenten en las próximas décadas. Persistir en esquemas de explotación estáticos frente a un sistema climático tan dinámico supondría un riesgo creciente para la sostenibilidad a largo plazo.

Declara no tener conflicto de interés
ES
Publicaciones
Long-term warming reduces fish biomass, but heatwaves shift it
    • Artículo de investigación
    • Revisado por pares
Revista
Nature Ecology & Evolution
25/02/2026
Autores

Veera M. Rajagopal et al.

Tipo de estudio:
  • Artículo de investigación
  • Revisado por pares
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