Sergio Moreno Borges
Técnico en el Instituto Español de Oceanografía (CSIC) e investigador del grupo BIOECOMAC (Universidad de La Laguna)
Este estudio sintetiza una enorme cantidad de datos recopilados durante décadas de investigación sobre los recursos pesqueros en la mitad norte del océano Atlántico. Los resultados se presentan de forma clara y conceptual mediante una serie de figuras muy ilustrativas, aunque detrás de esa aparente sencillez hay un notable esfuerzo de recopilación, estandarización y análisis de datos: más de 123.000 muestreos realizados entre 1993 y 2021.
Obtener series temporales robustas y comparables a gran escala es extraordinariamente complejo en ecología marina, por lo que el valor de este trabajo radica no solo en la magnitud del conjunto de datos, sino también en su coherencia metodológica a lo largo del tiempo. Esto permite respaldar con solidez sus conclusiones sobre cómo el calentamiento progresivo reduce la biomasa total de peces, mientras que las olas de calor marinas tienen efectos dispares según la región y la especie en cuestión. Además, sus resultados encajan con tendencias previamente descritas a menor escala y consolidan la evidencia acumulada sobre los efectos del cambio climático en los ecosistemas marinos.
Como todo estudio científico, existen limitaciones que deben tenerse en cuenta. En el caso de los modelos predictivos, no siempre es posible incorporar otros factores naturales y antropogénicos que también influyen en la biomasa, como la presión pesquera u otros cambios ecosistémicos. Asimismo, los datos proceden de campañas de arrastre científico, lo que implica que las conclusiones se refieren principalmente a las comunidades de peces asociadas a los hábitats muestreados, dejando fuera una parte de las comunidades costeras y otros entornos no cubiertos por esta metodología.
En conjunto, se trata de un trabajo de gran fiabilidad que contribuye de forma clara a desentrañar las tendencias de cambio de numerosos stocks pesqueros frente al aumento de la temperatura del mar. Sus implicaciones para la gestión son evidentes: las autoridades responsables de regular el esfuerzo pesquero deberían incorporar este tipo de evidencia en sus marcos de decisión, promoviendo modelos de gestión más flexibles y con mayor capacidad de respuesta ante anomalías climáticas como las olas de calor marinas, cuya frecuencia e intensidad se prevé que aumenten en las próximas décadas. Persistir en esquemas de explotación estáticos frente a un sistema climático tan dinámico supondría un riesgo creciente para la sostenibilidad a largo plazo.