Francisco Javier Cubero
Profesor de Inmunología en el departamento de Inmunología, Oftalmología y ORL de la Universidad Complutense de Madrid
Yulia Nevzorova
Profesora del departamento de Inmunología, Oftalmología y ORL de la facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid
¿El artículo es de buena calidad?
“El artículo es sólido, tremendamente oportuno y con un gran impacto práctico real. La investigación biomédica ha dado siempre por hecho que los ratones de laboratorio son genéticamente lo que indica la etiqueta. Sin embargo, este trabajo pone de manifiesto, por primera vez, que en muchos casos el fondo genético real del animal difiere completamente de la información proporcionada por el laboratorio de origen. Esto afecta no solo a su respuesta frente a una enfermedad o a un fármaco, sino también a las conclusiones de una investigación.
La publicación no es radicalmente innovadora, pero pone cifras a un problema que la comunidad científica sospechaba desde hace décadas. Su aceptación en una de las revistas científicas más importantes del mundo subraya que el problema no es el modelo animal en sí, sino la falta de rigor en su uso. Es un mensaje dirigido no solo a la comunidad científica, sino también a las instituciones, en un momento en el que la presión política para reducir el uso de animales de experimentación es creciente, especialmente, en Estados Unidos”.
¿Cómo encaja con la evidencia que ya se conocía y qué implicaciones podría tener?
“El fondo genético de un ratón no es un detalle secundario; de hecho, es probablemente la variable experimental más importante y, al mismo tiempo, la menos controlada. Numerosos estudios han demostrado que una misma mutación genética puede producir fenotipos radicalmente distintos dependiendo del fondo genético del animal. En otras palabras, cuando dos laboratorios utilizan ‘la misma cepa’ pero con fondos genéticos diferentes, los resultados pueden ser discordantes sin una explicación aparente.
Esto no significa únicamente que los ratones presenten errores genéticos, sino que abre la pregunta de cuántos estudios publicados podrían estar afectados por este problema y cuánto tiempo y dinero se ha perdido por ello. Esta investigación sugiere que parte de la respuesta puede encontrarse en algo tan básico como no saber exactamente qué ratón se está utilizando.
Por otro lado, el artículo aporta una solución ya implementada: un sistema de control de calidad genética diseñado para ser interpretable incluso por personal no experto. Se trata de MiniMUGA, un producto comercial ya disponible, con datos de referencia públicos y una documentación suficientemente detallada como para permitir su reproducción por terceros”.
¿Hay limitaciones importantes que haya que tener en cuenta?
“Entre las principales limitaciones del estudio se encuentra que el análisis de cepas de ratón se basa en un banco de Estados Unidos, por lo que no sabemos si el problema es igual de frecuente o incluso más grave en otros países. Además, el artículo no discute el coste económico que supondría realizar un ‘DNI genético’ de cada ratón ni responde a la pregunta de si todos los laboratorios del mundo podrían asumir ese gasto adicional. De hecho, el sistema MiniMUGA está disponible actualmente solo para cepas procedentes de proveedores de Estados Unidos y Europa, lo que podría limitar su implementación global.
Finalmente, aunque el artículo demuestra la existencia de inconsistencias genéticas en los ratones, la relación directa entre estas y los errores experimentales se plantea de forma implícita, pero no se demuestra de manera objetiva. También se desconoce si las tasas de inconsistencia serían comparables en cepas mantenidas internamente en laboratorios académicos, que podrían presentar mejores o peores resultados dependiendo del rigor de cada grupo”.