Javier Rivera
Este artículo es una excelente revisión donde se describen los principales hallazgos sobre algunos de los mecanismos fisiopatológicos implicados en el dolor crónico primario visceral. Se parte de la evidencia conocida de que este tipo de dolor es mucho más frecuente en la mujer y en este trabajo se analiza fundamentalmente el papel que juegan las diferentes hormonas en este proceso.
La influencia hormonal muestra una correlación estrecha con el dolor y su cronificación a través de los mecanismos de sensibilización central. Los niveles de estrógenos en la mujer aumentan la sensibilidad visceral a través de sus receptores específicos en los órganos internos. Influyen en el microbioma intestinal por medio de la generación de determinados productos metabólicos del propio microbioma que son responsables de la aparición de hipersensibilidad al dolor. Los estrógenos también influyen en el procesamiento del dolor en varias de las estructuras del sistema nervioso y condicionan la activación de circuitos neuroinmunes en respuesta a estímulos dolorosos a través de la activación de células inmunitarias que resultan ser distintas en ambos sexos.
En otros síndromes de dolor crónico primario —como la fibromialgia, las cefaleas y el dolor crónico de la artrosis, también mucho más frecuentes en la mujer—, la evidencia científica sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados es más limitada, pero probablemente sean los mismos y achacables también a las diferencias hormonales.
La investigación sobre el dolor crónico primario es un campo con gran actividad en la actualidad. El dolor crónico es una enfermedad que llega a afectar a más del 20 % de la población general, con especial prevalencia en la mujer, en las que con frecuencia se ignora la existencia de esta enfermedad y las graves repercusiones que ocasiona sobre su calidad de vida.
Desgraciadamente, los tratamientos actuales para el dolor crónico no son capaces de controlar satisfactoriamente esta enfermedad, pero los nuevos hallazgos sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados en este proceso abren la puerta hacia nuevas estrategias prometedoras para el tratamiento del dolor crónico primario.