Una revisión analiza por qué las mujeres experimentan un dolor más intenso que los hombres

Las mujeres, especialmente las más jóvenes, se ven afectadas de manera desproporcionada por trastornos dolorosos, como el síndrome del intestino irritable, la endometriosis, las migrañas menstruales, la fibromialgia, la osteoartritis y el dolor neuropático. Una revisión publicada en Science sintetiza los últimos avances en el dolor visceral y somático, destacando el impacto de las hormonas sexuales, la interacción inmunoneural, la microbiota intestinal y los circuitos analgésicos endógenos. Estos estudios comienzan a explicar por qué las mujeres experimentan un dolor más intenso que los hombres, allanando el camino para terapias de precisión basadas en sus mecanismos. “Las mujeres esperan desesperadamente respuestas concretas que puedan ayudar a eliminar el enfoque habitual de que ‘todo está en tu cabeza’ respecto a sus enfermedades”, señalan los autores. La investigación forma parte de un especial de Science sobre la salud de las mujeres, que incluye cuatro artículos más.

Reacciones

Javier Rivera - dolor mujer

Javier Rivera

Director de la Unidad de Reumatología y Fibromialgia del Instituto Nacional del Dolor
Science Media Centre España

Este artículo es una excelente revisión donde se describen los principales hallazgos sobre algunos de los mecanismos fisiopatológicos implicados en el dolor crónico primario visceral. Se parte de la evidencia conocida de que este tipo de dolor es mucho más frecuente en la mujer y en este trabajo se analiza fundamentalmente el papel que juegan las diferentes hormonas en este proceso. 

La influencia hormonal muestra una correlación estrecha con el dolor y su cronificación a través de los mecanismos de sensibilización central. Los niveles de estrógenos en la mujer aumentan la sensibilidad visceral a través de sus receptores específicos en los órganos internos. Influyen en el microbioma intestinal por medio de la generación de determinados productos metabólicos del propio microbioma que son responsables de la aparición de hipersensibilidad al dolor. Los estrógenos también influyen en el procesamiento del dolor en varias de las estructuras del sistema nervioso y condicionan la activación de circuitos neuroinmunes en respuesta a estímulos dolorosos a través de la activación de células inmunitarias que resultan ser distintas en ambos sexos.  

En otros síndromes de dolor crónico primario —como la fibromialgia, las cefaleas y el dolor crónico de la artrosis, también mucho más frecuentes en la mujer—, la evidencia científica sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados es más limitada, pero probablemente sean los mismos y achacables también a las diferencias hormonales.  

La investigación sobre el dolor crónico primario es un campo con gran actividad en la actualidad. El dolor crónico es una enfermedad que llega a afectar a más del 20 % de la población general, con especial prevalencia en la mujer, en las que con frecuencia se ignora la existencia de esta enfermedad y las graves repercusiones que ocasiona sobre su calidad de vida.  

Desgraciadamente, los tratamientos actuales para el dolor crónico no son capaces de controlar satisfactoriamente esta enfermedad, pero los nuevos hallazgos sobre los mecanismos fisiopatológicos implicados en este proceso abren la puerta hacia nuevas estrategias prometedoras para el tratamiento del dolor crónico primario.

Declara no tener conflicto de interés
ES

Goicoechea - Dolor mujer

Carlos Goicoechea García

Catedrático de Farmacología en la facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid)
Science Media Centre España

El artículo viene a reforzar algo ya conocido, no solo por la sabiduría popular, sino desde la evidencia científica: es sabido que hay diferencias importantes en la respuesta del dolor entre las mujeres y los hombres, tanto en la parte sensorial como en la emocional. 

Se trata de un artículo de buena calidad, y que no solo describe la situación epidemiológica, sino que analiza las diferencias a nivel celular, molecular e inmunológico. 

El trabajo refuerza lo que se conoce desde mediados del siglo pasado, cuando se empieza a trabajar para estudiar las diferencias entre la respuesta del dolor en machos y hembras desde el punto de vista de la experimentación animal, y también entre hombres y mujeres desde el punto de vista de la experimentación clínica. Esas diferencias tienen que ver tanto con aspectos puramente sensoriales —como el umbral de respuesta del dolor y la tolerancia al dolor, que son más altos en el hombre que en la mujer—, como con diferencias emocionales relacionadas con aspectos de género, es decir, con el papel de la mujer y el hombre en la sociedad. 

Lo que supone es que no deberíamos tratar el dolor de forma genérica, sino en función del sexo de la persona (esto más relacionado con aspectos farmacológicos y fisioterápicos) y del género (en cuanto al abordaje psicológico). 

Aunque se sigue estudiando de forma cada vez más específica, aún no se ha dado, de forma consistente, el salto a la terapéutica. 

Las principales limitaciones de este estudio no tienen que ver con el artículo en sí mismo, sino con el propio concepto de dolor crónico. Es una patología que tiene un componente sensorial, pero también un componente emocional. Ese componente emocional varía mucho entre pacientes, ya sean hombres o mujeres. De hecho, debemos considerar que cada dolor es único, cada dolor es la expresión de una sensación tamizada por la emoción. Por lo tanto, no hay dolores realmente iguales. Por otro lado, en cuanto a la traslación al tratamiento de los pacientes con dolor, desde el punto de vista de la farmacología, los ensayos clínicos, aunque incluyen tanto a hombres como a mujeres, pocas veces hacen un estudio por separado de la respuesta al fármaco y hay pocos estudios que aborden un protocolo experimental separado por sexos.

No declara conflicto de interés
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Sex-specific mechanisms of chronic pain
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Revista
Science
Autores

Archana Venkataraman et al.

Tipo de estudio:
  • Revisado por pares
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