Javier Sánchez Perona
Científico titular del Instituto de la Grasa-CSIC
Desde el punto de vista de la composición química, las bebidas energéticas tienen un el elevado contenido en cafeína. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), un envase de 330 ml equivale a casi un café expreso y medio. Esa dosis es alta para niños y adolescentes. Además, en muchas ocasiones contienen taurina, que potencia el efecto de la cafeína. Estos componentes, unidos a la habitual presencia de azúcar, no proporcionan en esta población ningún beneficio para la salud. Más bien al contrario, pueden ser causa de su deterioro, como se ha evidenciado científicamente.
Por otra parte, la denominación de ‘bebida energética’ puede dar lugar a confusión, tanto en los propios niños y adolescentes, como entre sus padres, ya que se puede pensar que estos productos proporcionan la energía necesaria para las actividades diarias. El peligro subyacente es que se sustituyan comidas importantes del día, como es el desayuno, por este tipo de bebidas, provocando un riesgo de déficit de energía y nutrientes.
Por todo ello, y dado que el consumo de estas bebidas en este grupo poblacional es elevado, como demuestran los datos del Ministerio de Consumo, creo que prudente prohibir su venta a menores de 16 años.