Jeroen Douwes
Se trata de un estudio interesante, aunque de pequeña envergadura, que sugiere un papel de los micro y nanoplásticos (MNP) en la cardiopatía isquémica. A pesar del gran aumento de la exposición a los MNP observado desde que se informó de ello por primera vez hace 20 años, se han realizado pocos estudios de salud. Sin embargo, las pruebas obtenidas en modelos in vitro y con animales muestran: respuestas inflamatorias y otras respuestas inmunitarias; estrés oxidativo; alteración endocrina; citotoxicidad, genotoxicidad y neurotoxicidad; efectos metabólicos; y alteración de la microbiota intestinal. Estudios clínicos recientes muestran asociaciones con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, neurodegeneración, síntomas neurológicos, ansiedad y depresión. Esto sugiere que los MNP pueden constituir un riesgo para la salud significativo y emergente, pero la investigación sobre los MNP y la salud se encuentra aún en una fase incipiente y se necesitan con urgencia más estudios bien diseñados y de mayor envergadura en poblaciones humanas.
Este estudio se suma a la evidencia emergente de que la exposición a los MNP puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se ha criticado a estudios anteriores por utilizar métodos que no estaban diseñados específicamente para eliminar la contaminación por plástico durante la recogida y el procesamiento de las muestras, algo que el presente estudio ha abordado, lo que refuerza la importancia de este.
El artículo se centra en la exposición a las MNP presentes en el aire y solo menciona de pasada la exposición a las MNP a través de la dieta, que es otra vía de exposición significativa que puede ser al menos igual de importante para el riesgo cardiovascular.
Las MNP proceden de diversos artículos (envases, neumáticos de coche, ropa, juguetes, productos domésticos, etc.) o se fabrican para su uso como aditivos, por ejemplo, en fertilizantes, productos de limpieza y productos de higiene personal, y se han vuelto omnipresentes en el medio ambiente. Como resultado, pueden detectarse en los alimentos, el agua potable y el aire, y la exposición se produce mediante ingestión (por ejemplo, a través del consumo de alimentos altamente procesados, alimentos recalentados en envases de plástico, bebidas embotelladas y bolsitas de té), inhalación (asociada a la ropa sintética, los revestimientos de suelos, el desgaste de los neumáticos de coche y el polvo de interiores) o absorción cutánea (a través de productos de cuidado personal y ropa de fibra sintética).
Por lo tanto, otras vías de exposición pueden ser igual de importantes o, probablemente, más importantes.
Debido a su pequeño tamaño, los MNP pueden migrar por todo el organismo, incluyendo, tal y como muestran estudios recientes, el intestino, la sangre, las vías respiratorias, el hígado, los riñones, el líquido cefalorraquídeo, el cerebro, la placenta, la leche materna, los testículos, etc., por lo que es probable que los efectos sobre la salud no se limiten al sistema cardiovascular.
Cabe destacar que, además de los polímeros sintéticos —en su mayoría derivados del petróleo—, los MNP pueden contener más de 16.000 aditivos químicos, entre ellos plastificantes, retardantes de llama, estabilizadores UV, colorantes, manganeso y otros metales pesados, etc., que pueden filtrarse al tejido circundante, lo que contribuye aún más a los riesgos para la salud, lo que pone de relieve la necesidad de estudiar los posibles efectos sobre la salud que puedan derivarse de este nuevo contaminante ambiental. Esto es urgente, ya que la contaminación por MNP está aumentando con rapidez y se estima actualmente en entre 10 y 40 millones de toneladas al año, con una previsión de que las emisiones se dupliquen para 2040. Si estas exposiciones están, como sugieren las pruebas emergentes, causalmente asociadas a problemas de salud, entonces debemos empezar a buscar opciones más seguras que no impliquen el uso de plásticos.