Un estudio afirma que los pacientes de infarto de miocardio presentan más niveles de micro y nanoplásticos en sangre
Un estudio en un grupo reducido de personas, publicado en la revista European Heart Journal, ha medido los niveles de plástico en la sangre que irriga el corazón en 61 pacientes con infarto de miocardio, cardiopatía isquémica crónica o arterias coronarias normales. Según sus datos, entre quienes habían sufrido un infarto se detectaron microplásticos y nanoplásticos en el 84 % de los pacientes, en comparación con el 40 % de los pacientes con cardiopatía isquémica crónica y el 32 % de los que tenían arterias coronarias normales. Los expuestos a niveles más elevados de contaminación atmosférica y los fumadores tenían más probabilidades de presentar microplásticos en la sangre.
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Roberto Rosal
Catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá
El estudio evaluó la presencia de micro y nanoplásticos (MNP) en sangre coronaria y periférica de 61 pacientes, revelando que aquellos con infarto agudo de miocardio presentaban una cantidad de polímeros sintéticos significativamente mayor que otros grupos, incluyendo pacientes con arterias coronarias normales. Los autores asociaron una mayor detección de plástico, en su gran mayoría polietileno, con niveles más elevados de biomarcadores inflamatorios, y sugieren una relación directa y sinérgica entre los microplásticos, el tabaquismo y la contaminación ambiental por partículas finas (PM2.5), así como entre estos factores y el desarrollo de la enfermedad coronaria
Si bien relacionar el exposoma con la salud cardiovascular mediante detección in vivo es un trabajo pionero, el estudio presenta debilidades metodológicas importantes que hacen que sus conclusiones en cuanto a la relación entre el plástico y la salud cardiovascular sean dudosas. En primer lugar, la población total es muy reducida (61 pacientes, de los que solo 31 tenían MNP detectables) para un análisis de regresión con múltiples variables. El trabajo tampoco considera factores dietéticos como vía para la translocación sistémica de MNP, algo que no está de acuerdo con el consenso general actual. Además, la evaluación de la contaminación del aire utilizando estaciones de muestreo próximas a las direcciones de residencia de los pacientes (de hasta 7 km) supone asumir que los datos regionales al aire libre reflejan con precisión la exposición individual, ignorando la contaminación del aire interior, los riesgos laborales y la movilidad personal. Por último, la relación con el tabaquismo tampoco está clara, ya que los filtros de los cigarrillos están hechos principalmente de acetato de celulosa, polímero que no se encontró en el estudio.
Además de presentar sesgos significativos de género y comorbilidades entre las cohortes, el problema principal del estudio radica en el uso de la técnica Py-GC/MS. Esta metodología es propensa a generar falsos positivos, ya que la degradación térmica de lípidos produce compuestos volátiles idénticos a los de los plásticos. Esto es especialmente crítico para el polietileno, que representa el 97 % de los hallazgos. El uso del 1-hexadeceno como único indicador ignora que este compuesto también se forma al pirolizar la matriz biológica. debilidad que se suma a la omisión de los pirogramas e iones específicos restando credibilidad a la cuantificación. Por último, las concentraciones medidas, de hasta 2.5 µg/mL o mg/L, son altísimas, en el rango superior de las detectadas en influentes de plantas de tratamiento de aguas residuales, lo que sugiere que estos valores podrían ser un artefacto derivado de los materiales médicos y de la liberación de la placa durante el procedimiento de aspiración, posibilidad que el artículo no considera.
En definitiva, si bien la aproximación es interesante y la necesidad de reducir la exposición al plástico es obvia en aplicación del principio de prudencia, el trabajo ofrece solo datos preliminares, con importantes lagunas metodológicas y conclusiones insuficientemente respaldadas por los datos que presenta.
Kevin Thomas - plástico sangre
Kevin Thomas
La cuestión clave es si el estudio detectó plásticos o si detectó moléculas que se parecen a los plásticos. Es bien sabido que los microplásticos son muy difíciles de medir en la sangre humana y, según los niveles de confianza publicados recientemente, los resultados presentados, en el mejor de los casos, solo sugieren la presencia de plásticos.
Aunque hay que elogiar a los autores por sus esfuerzos para controlar la contaminación, el estudio pasa por alto los hallazgos que demuestran que el método de cromatografía de gases con espectrometría de masas por pirólisis utilizado para cuantificar los nano y microplásticos no es adecuado para el polietileno y el cloruro de polivinilo, dos de los principales plásticos detectados. Es igualmente plausible que los lípidos endógenos de la sangre se estén identificando erróneamente como plásticos. El titular bien podría decir: ‘Los pacientes que sufren infartos tienen más lípidos en la sangre’.
Thava - plástico sangre
Thava Palanisami
Este estudio aporta nuevas pruebas importantes de que se pueden detectar microplásticos y nanoplásticos en la circulación coronaria de pacientes que sufren infartos de miocardio, y de que están asociados a mayores niveles de inflamación y a exposiciones ambientales como la contaminación atmosférica y el tabaquismo. Aunque los resultados no demuestran que los plásticos causen directamente infartos de miocardio, refuerzan la creciente evidencia científica de que la contaminación por plásticos es un problema emergente de salud pública que merece una atención seria.
Aunque los autores aplicaron rigurosos controles de contaminación, la medición de microplásticos y nanoplásticos en la sangre sigue siendo un reto técnico. Todavía no existe un método estandarizado a nivel internacional para el muestreo, la extracción, la identificación y la cuantificación, lo que dificulta las comparaciones entre estudios. Además, los métodos analíticos actuales no pueden caracterizar completamente los nanoplásticos más pequeños (<1 µm), que pueden presentar un comportamiento biológico diferente. Otra limitación es que el estudio midió la presencia de polímeros plásticos, pero no distinguió si los efectos biológicos observados estaban causados por las propias partículas, por las sustancias químicas que transportan o por la exposición conjunta a otros contaminantes ambientales, como la contaminación atmosférica y el humo del tabaco. El hallazgo de que el tabaquismo fue el único factor predictivo independiente de la detección de microplásticos en el análisis multivariable pone de relieve la complejidad de separar estas exposiciones ambientales.
El estudio subraya la necesidad de realizar estudios en humanos a mayor escala y a largo plazo para determinar si la reducción de la exposición a los microplásticos y nanoplásticos puede disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Dada la presencia generalizada de plásticos en nuestros alimentos, el agua y el aire, necesitamos una acción coordinada para reducir la contaminación plástica innecesaria, mejorar el seguimiento de la exposición humana y acelerar la investigación sobre los efectos de los plásticos en la salud. Proteger a las personas de la contaminación plástica debería convertirse en un componente clave de las futuras políticas medioambientales y de salud pública.
En general, este estudio supone un importante paso adelante, pero se necesitan estudios prospectivos mucho más amplios, con métodos analíticos armonizados y una evaluación detallada de la exposición, antes de poder extraer conclusiones firmes sobre el papel causal de los microplásticos y los nanoplásticos en las enfermedades cardiovasculares.
Jeroen - plástico sangre
Jeroen Douwes
Se trata de un estudio interesante, aunque de pequeña envergadura, que sugiere un papel de los micro y nanoplásticos (MNP) en la cardiopatía isquémica. A pesar del gran aumento de la exposición a los MNP observado desde que se informó de ello por primera vez hace 20 años, se han realizado pocos estudios de salud. Sin embargo, las pruebas obtenidas en modelos in vitro y con animales muestran: respuestas inflamatorias y otras respuestas inmunitarias; estrés oxidativo; alteración endocrina; citotoxicidad, genotoxicidad y neurotoxicidad; efectos metabólicos; y alteración de la microbiota intestinal. Estudios clínicos recientes muestran asociaciones con enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, neurodegeneración, síntomas neurológicos, ansiedad y depresión. Esto sugiere que los MNP pueden constituir un riesgo para la salud significativo y emergente, pero la investigación sobre los MNP y la salud se encuentra aún en una fase incipiente y se necesitan con urgencia más estudios bien diseñados y de mayor envergadura en poblaciones humanas.
Este estudio se suma a la evidencia emergente de que la exposición a los MNP puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se ha criticado a estudios anteriores por utilizar métodos que no estaban diseñados específicamente para eliminar la contaminación por plástico durante la recogida y el procesamiento de las muestras, algo que el presente estudio ha abordado, lo que refuerza la importancia de este.
El artículo se centra en la exposición a las MNP presentes en el aire y solo menciona de pasada la exposición a las MNP a través de la dieta, que es otra vía de exposición significativa que puede ser al menos igual de importante para el riesgo cardiovascular.
Las MNP proceden de diversos artículos (envases, neumáticos de coche, ropa, juguetes, productos domésticos, etc.) o se fabrican para su uso como aditivos, por ejemplo, en fertilizantes, productos de limpieza y productos de higiene personal, y se han vuelto omnipresentes en el medio ambiente. Como resultado, pueden detectarse en los alimentos, el agua potable y el aire, y la exposición se produce mediante ingestión (por ejemplo, a través del consumo de alimentos altamente procesados, alimentos recalentados en envases de plástico, bebidas embotelladas y bolsitas de té), inhalación (asociada a la ropa sintética, los revestimientos de suelos, el desgaste de los neumáticos de coche y el polvo de interiores) o absorción cutánea (a través de productos de cuidado personal y ropa de fibra sintética).
Por lo tanto, otras vías de exposición pueden ser igual de importantes o, probablemente, más importantes.
Debido a su pequeño tamaño, los MNP pueden migrar por todo el organismo, incluyendo, tal y como muestran estudios recientes, el intestino, la sangre, las vías respiratorias, el hígado, los riñones, el líquido cefalorraquídeo, el cerebro, la placenta, la leche materna, los testículos, etc., por lo que es probable que los efectos sobre la salud no se limiten al sistema cardiovascular.
Cabe destacar que, además de los polímeros sintéticos —en su mayoría derivados del petróleo—, los MNP pueden contener más de 16.000 aditivos químicos, entre ellos plastificantes, retardantes de llama, estabilizadores UV, colorantes, manganeso y otros metales pesados, etc., que pueden filtrarse al tejido circundante, lo que contribuye aún más a los riesgos para la salud, lo que pone de relieve la necesidad de estudiar los posibles efectos sobre la salud que puedan derivarse de este nuevo contaminante ambiental. Esto es urgente, ya que la contaminación por MNP está aumentando con rapidez y se estima actualmente en entre 10 y 40 millones de toneladas al año, con una previsión de que las emisiones se dupliquen para 2040. Si estas exposiciones están, como sugieren las pruebas emergentes, causalmente asociadas a problemas de salud, entonces debemos empezar a buscar opciones más seguras que no impliquen el uso de plásticos.
Ria Devereux - plástico sangre
Ria Devereux
Estudios anteriores han demostrado que los microplásticos y los nanoplásticos están presentes en el cuerpo humano, incluso en muestras de sangre. Este estudio amplía los conocimientos existentes al analizar la sangre coronaria y relacionar estas muestras con la enfermedad coronaria crónica y el infarto agudo de miocardio.
El estudio no demuestra que los microplásticos y los nanoplásticos provoquen infartos. En cambio, este estudio refuerza la teoría o hipótesis de que los microplásticos y nanoplásticos pueden ser perjudiciales para nuestra salud, pero no modifica nuestro conocimiento actual ni establece una causalidad definitiva.
Este estudio presenta múltiples limitaciones, entre ellas un tamaño reducido de la muestra (61 personas), un diseño observacional transversal y la exclusión de muchas posibles vías de exposición a los microplásticos y nanoplásticos, como la alimentación o la exposición laboral, por citar algunas. Dado que el diseño del estudio es transversal, analiza la exposición y la enfermedad al mismo tiempo y, por lo tanto, no puede determinar si los microplásticos y nanoplásticos causaron la enfermedad, aumentaron a causa de ella o simplemente se encuentran en la sangre debido a la exposición ambiental. Otro problema es que las muestras se tomaron durante o después de un episodio, por lo que no está claro si la presencia de microplásticos era elevada antes del episodio.
El elevado porcentaje de fumadores tanto en el grupo STEMI como en el CCS —ambos por encima del 70 %— también plantea dudas, sobre todo porque el número de paquetes al año es mayor en el grupo STEMI. Esto confirma lo que ya sabemos sobre la relación entre los infartos y el tabaquismo, pero dificulta determinar si existe una relación entre los microplásticos y los infartos, entre los microplásticos y el tabaquismo, o si la exposición a los microplásticos se debe a otra causa.
El estudio es interesante y, aunque no demuestra que los micro y nanoplásticos provoquen infartos, sí pone de manifiesto las dificultades que entraña trasladar los estudios sobre microplásticos —que investigan su impacto en el cuerpo humano— de un entorno de laboratorio extremadamente controlado a poblaciones humanas del mundo real, donde los estudios se complican debido a múltiples factores, como la genética, el estilo de vida, la exposición y otros elementos que influyen en el riesgo de enfermedad.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares
Pasquale Paolisso et al.
- Artículo de investigación
- Revisado por pares