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Roberto Rosal

Catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá

El estudio evaluó la presencia de micro y nanoplásticos (MNP) en sangre coronaria y periférica de 61 pacientes, revelando que aquellos con infarto agudo de miocardio presentaban una cantidad de polímeros sintéticos significativamente mayor que otros grupos, incluyendo pacientes con arterias coronarias normales. Los autores asociaron una mayor detección de plástico, en su gran mayoría polietileno, con niveles más elevados de biomarcadores inflamatorios, y sugieren una relación directa y sinérgica entre los microplásticos, el tabaquismo y la contaminación ambiental por partículas finas (PM2.5), así como entre estos factores y el desarrollo de la enfermedad coronaria 

Si bien relacionar el exposoma con la salud cardiovascular mediante detección in vivo es un trabajo pionero, el estudio presenta debilidades metodológicas importantes que hacen que sus conclusiones en cuanto a la relación entre el plástico y la salud cardiovascular sean dudosas. En primer lugar, la población total es muy reducida (61 pacientes, de los que solo 31 tenían MNP detectables) para un análisis de regresión con múltiples variables. El trabajo tampoco considera factores dietéticos como vía para la translocación sistémica de MNP, algo que no está de acuerdo con el consenso general actual. Además, la evaluación de la contaminación del aire utilizando estaciones de muestreo próximas a las direcciones de residencia de los pacientes (de hasta 7 km) supone asumir que los datos regionales al aire libre reflejan con precisión la exposición individual, ignorando la contaminación del aire interior, los riesgos laborales y la movilidad personal. Por último, la relación con el tabaquismo tampoco está clara, ya que los filtros de los cigarrillos están hechos principalmente de acetato de celulosa, polímero que no se encontró en el estudio. 

Además de presentar sesgos significativos de género y comorbilidades entre las cohortes, el problema principal del estudio radica en el uso de la técnica Py-GC/MS. Esta metodología es propensa a generar falsos positivos, ya que la degradación térmica de lípidos produce compuestos volátiles idénticos a los de los plásticos. Esto es especialmente crítico para el polietileno, que representa el 97 % de los hallazgos. El uso del 1-hexadeceno como único indicador ignora que este compuesto también se forma al pirolizar la matriz biológica. debilidad que se suma a la omisión de los pirogramas e iones específicos restando credibilidad a la cuantificación. Por último, las concentraciones medidas, de hasta 2.5 µg/mL o mg/L, son altísimas, en el rango superior de las detectadas en influentes de plantas de tratamiento de aguas residuales, lo que sugiere que estos valores podrían ser un artefacto derivado de los materiales médicos y de la liberación de la placa durante el procedimiento de aspiración, posibilidad que el artículo no considera. 

En definitiva, si bien la aproximación es interesante y la necesidad de reducir la exposición al plástico es obvia en aplicación del principio de prudencia, el trabajo ofrece solo datos preliminares, con importantes lagunas metodológicas y conclusiones insuficientemente respaldadas por los datos que presenta.

ES