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José Luiz López-Sendón Moreno

Facultativo especialista del área de Neurología en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid

Este estudio aborda una pregunta muy relevante: cómo se relacionan conjuntamente la actividad física objetiva medida por acelerómetro y la capacidad cardiorrespiratoria (fitness, estimada como VO₂max) con el riesgo de enfermedad cardiovascular.

El trabajo es metodológicamente sólido para lo que pretende analizar. Utiliza datos del UK Biobank con actividad física medida de forma objetiva —una fortaleza importante frente a los cuestionarios habituales—.

Uno de los hallazgos más interesantes es que cumplir la recomendación actual de 150 minutos semanales de actividad física moderada-vigorosa se asocia con una reducción relativamente modesta del riesgo cardiovascular, alrededor del 8–9 %, mientras que reducciones superiores al 30 % requerirían volúmenes de actividad considerablemente mayores, del orden de 560–610 minutos semanales. Además, el estudio sugiere que la capacidad cardiorrespiratoria tiene un papel independiente.

Esto encaja razonablemente bien con la evidencia previa, que ya mostraba que la capacidad cardiorrespiratoria es uno de los predictores más potentes de salud cardiovascular y mortalidad. La novedad aquí es intentar cuantificar cómo interaccionan actividad física y fitness utilizando medidas objetivas y modelos conjuntos.

Los resultados no deberían interpretarse como que las recomendaciones actuales son insuficientes o deban modificarse de inmediato. Las guías de actividad física siguen basándose en un volumen mucho mayor de evidencia y continúan siendo apropiadas como objetivo de salud pública. Probablemente, el mensaje más útil sea considerar los 150 minutos semanales como un umbral mínimo eficaz, no necesariamente como el nivel de máxima protección cardiovascular.

El estudio también tiene ciertas limitaciones. El VO₂max es estimado y no medido directamente. Además, la actividad medida por acelerómetro no es directamente equivalente a la actividad autorreferida en la que se apoyan muchas recomendaciones clínicas, por lo que no puede hacerse una traducción literal entre los minutos encontrados en el estudio y las guías actuales. Además, sigue tratándose de evidencia indirecta y observacional (no un ensayo clínico).

En conjunto, el estudio refuerza una idea importante: en prevención cardiovascular quizá no deberíamos centrarnos únicamente en ‘contar minutos de ejercicio’, sino también en mejorar la capacidad funcional y el fitness cardiorrespiratorio.

ES