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Katja Tielbörger

Jefa del Grupo de Ecología Vegetal de la Universidad de Tubinga (Alemania) y portavoz del Grupo de Trabajo Nuevas Técnicas Genómicas de la GfÖ (Sociedad Ecológica de Alemania, Austria y Suiza)

Un problema importante de la propuesta de flexibilización de la Directiva 2001/18/CE para la liberación de microorganismos modificados genéticamente (GMM) es que se ha elaborado con escasa base científica y sin consultar a los investigadores en ecología. Teniendo en cuenta que los ecólogos son los expertos en el estudio de las interacciones de los organismos con el medioambiente, este descuido compromete la credibilidad científica de la propuesta. Es decir, muchas afirmaciones de la propuesta sobre los beneficios y los riesgos de la liberación de GMM se basan en creencias en lugar de en pruebas científicas sólidas.

Además, los beneficios postulados, por ejemplo, para la agricultura, no se sopesan teniendo en cuenta la gran cantidad de estudios que sugieren soluciones muy eficaces a los efectos ambientales adversos de la agricultura intensiva, como la diversificación. En cambio, desde un punto de vista científico, la propuesta puede acarrear muchos riesgos ambientales potenciales.

Debido a las múltiples interacciones biológicas en los sistemas naturales, la liberación de organismos nuevos es, como demuestran innumerables estudios ecológicos, una apuesta con un resultado completamente incierto. Incluso el comportamiento de las plantas nuevas, que pueden supervisarse mejor y de las que se han descrito la mayoría de las especies, es en gran medida imposible de predecir. Por el contrario, actualmente se conoce menos del 1 % de la diversidad microbiana, y su papel ecológico es especulativo. Los taxones de los GMM abarcan todo el árbol de la vida, como hongos, bacterias, arqueas, protistas o microalgas, cuya agrupación en una categoría común contradice los conocimientos científicos más básicos.

La Comisión Europea ha reiterado recientemente que la desregulación de, por ejemplo, las nuevas técnicas genómicas (NGT) no debería aplicarse a los microorganismos y los animales, debido a nuestro conocimiento insuficiente sobre ellos. Resulta casi cínico que, incluso antes de que se confirme la desregulación de las plantas NGT, la Comisión proponga una categoría de 'bajo riesgo’ para los GMM, para la cual se eximiría de la evaluación y el seguimiento de riesgos. Además, los criterios propuestos para dichos GMM son vagos, en parte circulares y contradictorios con la evidencia científica. Por ejemplo, no existe tal cosa como un gen de ‘baja preocupación’, dado que ni siquiera sabemos qué harán los GMM en el medio ambiente. También sabemos que las interacciones bióticas, como la competencia, la depredación o la facilitación, con la diversidad microbiana desconocida en la naturaleza no pueden deducirse de los estudios de laboratorio, lo que explica tanto los fracasos observados de los efectos ‘deseados’ de los GMM como los riesgos potenciales. Además, los microorganismos pueden transferir material genético entre especies y, aunque las consecuencias altamente perjudiciales de esto son bien conocidas (por ejemplo, la propagación de la resistencia a los antibióticos), dicha transferencia génica horizontal es un área activa de investigación.

Mientras que la directiva vigente tiene plenamente en cuenta el tan necesario principio de precaución, los cambios propuestos pueden generar importantes riesgos medioambientales. Entre ellos se incluyen las alteraciones del microbioma de otros organismos, incluidos los seres humanos; los cambios en las complejas redes de interacción biótica de la rizosfera; el desplazamiento de microbios autóctonos; la puesta en peligro de la diversidad microbiana local antes incluso de que haya sido descrita; la reducción de la resistencia y la resiliencia ante futuros cambios medioambientales; y los efectos en cascada hacia niveles tróficos superiores.

Los GMM evolucionarán rápidamente, interactuarán con multitud de otros organismos, serán difíciles de rastrear y no podrán recuperarse. Con miles de millones de microbios en los suelos y los microbiomas de taxones 'superiores’, la liberación de GMM también afecta a plantas, animales, seres humanos y microbios no objetivo que, según los cambios propuestos, podrían ni siquiera ser objeto de seguimiento. Esto convierte a los GMM en un objetivo en constante evolución para las evaluaciones ambientales, lo que sugiere una regulación mucho más estricta de la liberación de GMM que para todos los demás organismos.

En general, los GMM no deberían liberarse en el medioambiente sin una evaluación de riesgos científicamente sólida y caso por caso. Deben ser rastreables, su liberación debe estar estrictamente limitada en el tiempo y sus efectos deben reevaluarse periódicamente. Los investigadores en ecología deben participar tanto en el desarrollo como en la aplicación de enfoques científicamente sólidos y fiables para las evaluaciones de riesgos y beneficios de los GMM.

ES