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Laura Sánchez Amador

Doctora en Ciencias de la Salud por la Universidad de Alcalá (UAH), miembro externo del grupo de investigación Alimentación, Nutrición y Estrategias en Salud pública de la UAH y profesora en UNIR y CUNIMAD

Este artículo aporta una síntesis actualizada sobre la aptitud física y la composición corporal en personas transgénero en comparación con personas cisgénero, integrando datos procedentes de estudios observacionales y longitudinales que analizan variables clave como masa grasa y magra, fuerza muscular y consumo máximo de oxígeno (VO₂máx).  

Los resultados muestran que, en mujeres transgénero, la masa grasa relativa (%), la fuerza de la parte superior e inferior del cuerpo y el VO₂máx son similares a los observados en mujeres cisgénero, aunque la masa magra absoluta (kg) en algunos casos es mayor. Sin embargo, esta mayor masa magra parece no traducirse en diferencias significativas en la aptitud física global, lo que subraya la importancia de distinguir entre composición corporal y rendimiento funcional. El análisis en hombres transgénero evidencia mayor masa grasa (antes o en fases iniciales), mientras que los datos de masa muscular y fuerza permanecen por debajo de los observados en hombres cisgénero.  

El artículo destaca el papel de la terapia hormonal de afirmación de género (GAHT, del inglés), como modulador de la composición corporal y de la VO₂máx. En mujeres transgénero, la evidencia longitudinal indica que la terapia hormonal se asocia, a lo largo de los tres primeros años, con un aumento de la masa grasa y una reducción de la masa magra y de la fuerza, especialmente en la parte superior del cuerpo, situando progresivamente sus perfiles fisiológicos dentro de los rangos descritos para mujeres cisgénero. Sin embargo, debemos tener en cuenta que las mujeres transgénero también han mostrado datos menores en masa muscular y fuerza en comparación con hombres cisgénero. En paralelo, en hombres transgénero se ha observado un patrón fisiológico coherente con los efectos de la GAHT, con una reducción de la masa grasa y aumento de la masa magra y de la fuerza tras su inicio. 

El artículo contribuye de manera significativa a clarificar el estado actual de la evidencia científica en un ámbito con necesidad de interpretaciones prudentes, basadas en evidencia y contextualizadas, por lo que hemos de tener en cuenta que la aptitud física no constituye una variable única ni estática, sino que está determinada por la interacción entre múltiples factores: endocrinos, nutricionales, el entrenamiento, la salud, la edad, etc. Por ello, para llegar a conclusiones más sólidas, serían necesarios más estudios donde se valoren estos factores en conjunto y no de forma aislada. 

Desde un punto de vista metodológico, los autores reconocen con rigor las limitaciones de la evidencia disponible, señalando que la mayoría de los estudios presentan una certeza baja y una calidad heterogénea, con tamaños muestrales reducidos y una variabilidad considerable en los diseños, las variables evaluadas e instrumentos utilizados. Esta transparencia fortalece la validez interpretativa del trabajo y evita conclusiones excesivamente generalizadoras. Con estas conclusiones, los datos aportados deberían estar sujetos a revisión en medida que se disponga de estudios longitudinales más robustos y metodológicamente homogéneos. 

ES