Lucrecia Moreno Royo
Catedrática de Farmacología y directora de la Cátedra DeCo para el Estudio del Deterioro Cognitivo de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Los autores son bastante contundentes respecto a las limitaciones: la mayoría de los estudios utilizan datos de actividad física autorreferida. Hay pocos estudios de alta calidad, los seguimientos largos son escasos, etc. Pero, sobre todo, faltan estudios prospectivos aleatorizados que permitan establecer causalidad.
Hay mucha evidencia sobre la llamada 'paradoja de la actividad física' y de lo que se concluye en el metaanálisis: a mayor ejercicio total más prevención de demencia y a mayor ocupación física durante la vida laboral, menor prevención (quizás por menor dedicación intelectual; son muchos los años de vida laboral).
En este último punto hay que afinar más y no poner a todos en el mismo saco. La clasificación de la población sobre actividad laboral divide entre trabajos físicos (o manuales) e intelectuales. Yo creo que aquí está el sesgo de solo considerar actividad física o sedentaria y no tener en cuenta la reserva cognitiva o el propósito de la vida. La respuesta la darán los estudios que tengan en cuenta: actividad física, ocupación, reserva cognitiva y estrés laboral conjuntamente. Es muy importante estudiar cómo se interrelacionan todos los aspectos y no mirar de forma aislada cada factor.
El estudio recuerda la importancia de divulgar el conocimiento para que las personas sepan de la importancia de la reserva cognitiva si solo dedicas tu actividad laboral a la parte física y manual. Y viceversa, la importancia del ejercicio físico en la ocupación sedentaria. Y lo más importante, aprender a controlar en ambos casos el estrés laboral y cuidar la salud cerebral.