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María del Mar Sánchez Vera

Profesora titular del departamento de Didáctica y Organización Escolar, y miembro del grupo de investigación de Tecnología Educativa

Comento algunas cosas centradas en la tecnología y educación sobre el informe, ya que la tecnología educativa es mi ámbito de investigación y trabajo.   

Cuando se habla de PISA es fundamental comenzar con una aclaración metodológica que, a menudo, no se plantea en los análisis que se realizan. PISA es una evaluación que realiza un agente externo, la OCDE, a través de cuestionarios y pruebas de evaluación. Concretamente, gran parte de las cuestiones relacionadas con la tecnología (uso de los recursos y de la IA) son datos de percepción, no observación directa de prácticas pedagógicas reales en las aulas. Estas limitaciones son inherentes a cualquier investigación basada en encuestas autoinformadas y no son críticas a esta parte de PISA per se, sino características metodológicas que definen sus fortalezas y debilidades.  

PISA es excelente para proporcionar datos descriptivos que permitan hacer comparaciones internacionales, para identificar patrones y tendencias a lo largo del tiempo, y para servir como punto de partida que sugiera preguntas de investigación más profundas. Sin embargo, PISA es insuficiente para establecer relaciones causales claras entre el uso de tecnología y los resultados académicos, para explicar los mecanismos subyacentes de por qué algo funciona o no, o para llegar a conclusiones definitivas sobre la efectividad de políticas educativas específicas.   

En relación con el impacto de la tecnología en la educación, se recogen varios datos. Por un lado, la capacidad del centro digital para mejorar la enseñanza y el aprendizaje es evaluada por los directores/as que han dado su opinión. Se les pregunta por la disponibilidad de tecnología en el centro y su opinión sobre las competencias pedagógicas del profesorado, entre otras cosas. Los directores de los centros españoles muestran una percepción menos favorable sobre la capacidad de sus escuelas para mejorar la enseñanza y el aprendizaje mediante recursos digitales. Los directores de los centros públicos lo perciben peor que el de los centros privados en España.  

Por otro lado, a los estudiantes se les pregunta por horas de uso diferenciando entre actividades de aprendizaje y actividades de ocio. De nuevo, los datos son interesantes, pero el concepto 'actividad de aprendizaje' autoevaluado por un estudiante no diferencia aspectos fundamentales como el uso metodológico de la herramienta. Estar leyendo un libro de texto digital no es lo mismo que estar programando un robot o desarrollando un proyecto telecolaborativo y, sin embargo, todas esas tareas pueden ser planteadas como actividades de aprendizaje.  

Sabemos por la investigación en este ámbito que conocer la cantidad de horas no es suficiente para afirmar que es el uso de la tecnología lo que condiciona el rendimiento, ya que no tiene en cuenta el tipo de tarea que se realiza o el planteamiento didáctico del docente. Desconocemos información clave sobre el contexto metodológico: no conocemos el tipo de clase que reciben los estudiantes, las tareas específicas que se les exigen, la competencia digital del propio alumnado ni el recurso tecnológico concreto que se está utilizando.   

En cuanto a la IA, el informe trata de definir un poco el tipo de tarea, pero aun así el planteamiento es muy generalista y no puede afirmarse que la IA contribuya a un peor rendimiento. Las preguntas que formula el informe sobre la inteligencia artificial pasan por alto que el factor determinante es la intencionalidad pedagógica y el diseño de la tarea por parte del docente. No es lo mismo utilizar la IA dentro del aula como una herramienta guiada (por ejemplo, para contrastar alucinaciones de un modelo, analizar sesgos o diseñar un proyecto bajo supervisión) que delegar en ella la resolución autónoma de los deberes en casa, donde a menudo se usa como un mero atajo.    

Por todos estos motivos, los datos de PISA resultan sumamente interesantes, pero deben ser analizados con cautela. Aunque el informe ofrece resultados que sugieren ciertas correlaciones, el tipo de pregunta y el enfoque metodológico no permite establecer una causa-efecto clara, y menos en un contexto como la educación, donde no se ha incorporado el aspecto didáctico, que es una de las claves de la investigación educativa.    

ES