Mara Dierssen
Neurobióloga experta en síndrome de Down, líder del Grupo de Neurobiología Celular y de Sistemas del Centro de Regulación Genómica (CRG), presidenta del Consejo Español del Cerebro y de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia
Se trata de un trabajo excelente que presenta un atlas molecular muy completo del desarrollo cerebral en el síndrome de Down, una condición relativamente frecuente pero cuyos mecanismos cerebrales subyacentes aún no se comprenden bien. El trabajo relaciona la trisomía 21 con cambios en los tipos celulares y en los programas moleculares que regulan su funcionamiento, y lo demuestra directamente en tejido humano con una alta resolución, sin precedentes en el campo del síndrome de Down. Aun así, es importante recordar que se trata de un estudio descriptivo y no establece relaciones causales directas con los déficits cognitivos.
Una de sus conclusiones más sólidas es que se generan las neuronas en un momento inadecuado, y de forma acelerada, lo que lleva a un agotamiento prematuro de las células progenitoras. Como consecuencia, aunque la producción de neuronas se adelanta, el número total final puede verse reducido, y además no siempre se generan los tipos neuronales adecuados en el momento correcto, alterando el equilibrio entre los distintos tipos neuronales. Este hallazgo es especialmente relevante porque ofrece una posible explicación al menor tamaño cerebral observado en las personas con síndrome de Down y encaja muy bien con estudios previos, incluidos algunos de nuestro laboratorio, que ya apuntaban a una neurogénesis precoz asociada a genes como DYRK1A, pero aquí se confirma directamente en cerebro humano.
También muestran un cambio importante en la arquitectura de los circuitos: hay menos neuronas implicadas en regular la entrada de información y más neuronas que podrían favorecer un mayor trasiego de información dentro de la corteza, lo que podría dar lugar a redes menos eficientes y más ‘ruidosas’.
Pese a la relevancia de este trabajo, conviene ser prudentes. El número de muestras es limitado y no permite captar toda la variabilidad del síndrome de Down, y abarca un periodo amplio del desarrollo, entre las semanas 13 y 26 de gestación, que es crítico para la formación de la corteza cerebral. El número de casos por cada intervalo de desarrollo es reducido, lo que dificulta analizar con precisión las dinámicas finas. A corto plazo, este tipo de estudios será clave para entender mejor los mecanismos celulares y validar modelos experimentales. A largo plazo, puede ayudar a identificar posibles dianas terapéuticas, pero todavía estamos lejos de aplicaciones clínicas y no hay que generar expectativas irreales.
En cualquier caso, este trabajo refleja un cambio muy positivo en el campo: cada vez más grupos estamos estudiando el síndrome de Down con tecnologías avanzadas, y empieza a reconocerse como un área de gran interés científico, algo que sin duda es muy positivo.