Un mapa celular revela cómo el síndrome de Down altera el desarrollo prenatal del cerebro
Un estudio publicado en Science ha analizado más de 100.000 células de neocórtex humanos en las semanas 13 a 23 de gestación, cuando se generan las neuronas corticales. Las muestras procedían de 26 donantes, algunos con y otros sin síndrome de Down. Mediante genómica de células individuales (single cell) han visto cómo la trisomía 21 rompe la secuencia de desarrollo de los diversos tipos de neuronas, lo que podría explicar las diferencias posteriores en la cognición. Un segundo trabajo en la misma revista, que examina el cerebro posnatal de niños con síndrome de Down, encuentra que muchos de esos cambios persisten en la infancia. Los autores advierten que su estudio no tendrá aplicaciones clínicas a corto plazo, pero esperan que pueda aprovecharse para generar fármacos específicos o para crear terapias génicas.
Marta Nieto - cerebro down
Marta Nieto
Líder del grupo de investigación Desarrollo de la Corteza Cerebral en el centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC)
Este estudio es excelente. Muestra que en el síndrome de Down el cerebro empieza a desarrollarse de forma distinta muy temprano durante el embarazo.
El síndrome de Down no solo implica tener una copia extra del cromosoma 21, sino que desencadena una alteración masiva y compleja de la actividad de miles de genes en todo el genoma, de formas que aún no podemos predecir porque las redes reguladoras celulares funcionan como una caja negra llena de interacciones que desconocemos. Por eso este estudio es importante.
El trabajo analiza más de cien mil células a lo largo de diez semanas críticas del desarrollo fetal del cerebro humano, lo que permite reconstruir cómo progresa (y se acelera) la diferenciación neuronal en el síndrome de Down, y no solo ver el resultado final.
Muestran que los cambios empiezan muy pronto, con una neurogénesis acelerada, una diferenciación anómala de neuronas, problemas en la maduración de oligodendrocitos y una activación precoz del sistema inmunitario cerebral. Tras el nacimiento, esta inflamación persiste y aparecen señales tempranas de neurodegeneración, como pérdida de sinapsis y estrés oxidativo, lo que ayuda a explicar por qué las personas con síndrome de Down tienen un riesgo extremadamente alto de desarrollar alzhéimer. Estos mapas detallados de expresión génica y accesibilidad de la cromatina en cada tipo celular del cerebro son esenciales para comprender cómo la trisomía 21 afecta al desarrollo neurológico, por qué existe tanta variabilidad cognitiva entre individuos y qué procesos podrían convertirse en futuras dianas terapéuticas.
Se podría pensar que por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 solo implica que los genes de ese cromosoma se expresan más de lo normal. Pero la realidad es muchísimo más compleja: esa tercera copia altera miles de genes repartidos por todo el genoma y lo hace de forma distinta según el tipo de célula, el tejido y el momento del desarrollo.
La trisomía 21 desencadena una cascada de cambios tan amplia e interconectada que, hoy por hoy, es imposible predecir teóricamente cómo afectará a cada célula. Es como una caja negra: sabemos qué entra (un cromosoma extra), pero no podemos anticipar con precisión qué resultado tiene esto sale en cada tejido y en cada tipo celular.
Además, fijarse solo en cómo ha quedado el cerebro al final no indica qué mecanismos hay que corregir. El estado final es el resultado acumulado de muchos procesos que ocurrieron antes, pero no revela qué paso, qué se desreguló primero ni qué programa celular se activó en el momento equivocado. En cambio, estudiar la expresión génica a lo largo de la gestación permite identificar qué decisiones celulares se toman demasiado pronto, qué señales empujan a las células a diferenciarse antes de tiempo y, por tanto, dónde tendría sentido intervenir: no para 'arreglar' un cerebro ya formado, sino para modular los procesos del desarrollo mientras aún son reversibles.
El trabajo analiza cada célula por separado mediante técnicas de multiómica. Un estudio multiómico analiza varios niveles de información a la vez en cada célula. En este trabajo se mira simultáneamente qué genes se están expresando y qué regiones del ADN están accesibles en cada célula (esto último es cómo está organizada la cromatina, es decir, qué partes del ADN están abiertas para poder regular esos genes). No solo se ve qué dice la célula, sino también qué le permite decirlo.
Esto permite empezar a entender cómo la trisomía 21 produce diversidad cognitiva, por qué algunas personas tienen afectación más severa que otras y qué procesos podrían ser diana para futuras intervenciones. Además, estos datos sirven como referencia para evaluar modelos experimentales (como ratones o cultivos celulares), que hasta ahora no siempre reproducían bien lo que ocurre en el cerebro humano. Los autores señalan que aún falta estudiar etapas incluso más tempranas del desarrollo, donde podrían encontrarse los primeros desencadenantes de estas alteraciones. Pero obtener tejido humano del primer trimestre es muy difícil, así que será necesario desarrollar modelos más precisos.
Gracias a este enfoque se puede entender no solo qué cambia en el síndrome de Down, sino, por ejemplo, cómo y por qué el desarrollo se acelera y acaba produciendo menos neuronas tempranas o por qué estas pueden ser más susceptibles a la neurodegeneración, sentando las bases de los problemas cognitivos posteriores.
Por eso los estudios que analizan qué genes están activos en cada tipo celular del cerebro humano y cómo cambia su cromatina (la estructura que regula qué genes pueden leerse) son tan valiosos. Y eso es exactamente lo que han hecho en este trabajo.
Mara Dierssen - mapa cerebro down
Mara Dierssen
Neurobióloga experta en síndrome de Down, líder del Grupo de Neurobiología Celular y de Sistemas del Centro de Regulación Genómica (CRG), presidenta del Consejo Español del Cerebro y de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia
Se trata de un trabajo excelente que presenta un atlas molecular muy completo del desarrollo cerebral en el síndrome de Down, una condición relativamente frecuente pero cuyos mecanismos cerebrales subyacentes aún no se comprenden bien. El trabajo relaciona la trisomía 21 con cambios en los tipos celulares y en los programas moleculares que regulan su funcionamiento, y lo demuestra directamente en tejido humano con una alta resolución, sin precedentes en el campo del síndrome de Down. Aun así, es importante recordar que se trata de un estudio descriptivo y no establece relaciones causales directas con los déficits cognitivos.
Una de sus conclusiones más sólidas es que se generan las neuronas en un momento inadecuado, y de forma acelerada, lo que lleva a un agotamiento prematuro de las células progenitoras. Como consecuencia, aunque la producción de neuronas se adelanta, el número total final puede verse reducido, y además no siempre se generan los tipos neuronales adecuados en el momento correcto, alterando el equilibrio entre los distintos tipos neuronales. Este hallazgo es especialmente relevante porque ofrece una posible explicación al menor tamaño cerebral observado en las personas con síndrome de Down y encaja muy bien con estudios previos, incluidos algunos de nuestro laboratorio, que ya apuntaban a una neurogénesis precoz asociada a genes como DYRK1A, pero aquí se confirma directamente en cerebro humano.
También muestran un cambio importante en la arquitectura de los circuitos: hay menos neuronas implicadas en regular la entrada de información y más neuronas que podrían favorecer un mayor trasiego de información dentro de la corteza, lo que podría dar lugar a redes menos eficientes y más ‘ruidosas’.
Pese a la relevancia de este trabajo, conviene ser prudentes. El número de muestras es limitado y no permite captar toda la variabilidad del síndrome de Down, y abarca un periodo amplio del desarrollo, entre las semanas 13 y 26 de gestación, que es crítico para la formación de la corteza cerebral. El número de casos por cada intervalo de desarrollo es reducido, lo que dificulta analizar con precisión las dinámicas finas. A corto plazo, este tipo de estudios será clave para entender mejor los mecanismos celulares y validar modelos experimentales. A largo plazo, puede ayudar a identificar posibles dianas terapéuticas, pero todavía estamos lejos de aplicaciones clínicas y no hay que generar expectativas irreales.
En cualquier caso, este trabajo refleja un cambio muy positivo en el campo: cada vez más grupos estamos estudiando el síndrome de Down con tecnologías avanzadas, y empieza a reconocerse como un área de gran interés científico, algo que sin duda es muy positivo.
José Ramón Alonso - mapa cerebro down
José Ramón Alonso
Catedrático de Biología Celular de la Universidad de Salamanca e investigador principal en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León
El trabajo es excelente y las conclusiones son importantes y suponen un claro avance en nuestra comprensión de las alteraciones que se producen durante el desarrollo prenatal en el cerebro de una persona con síndrome de Down.
Asumimos desde hace décadas que el cerebro de una persona con síndrome de Down presenta diferencias frente a una persona neurotípica: menor volumen total, menor volumen del cerebelo e hipocampo y menor densidad neuronal en la corteza cerebral. Este artículo aclara en buena medida qué está pasando, incluyendo variaciones en tipos neuronales. Estas diferencias generan cambios funcionales como una discapacidad cognitiva leve-moderada, dificultades en memoria y habla y una alta predisposición a sufrir en la madurez, en torno a los 60 años, la enfermedad de Alzheimer. Este trabajo sienta las bases para una mejor comprensión de la mecanística patológica de estos procesos, en particular un incremento de las neuronas intratelencefálicas y un descenso de las neuronas corticotalámicas.
Genera un atlas molecular de los cambios en la expresión neuronal en las semanas en las que se forma la corteza cerebral identificando tipos celulares. Es una auténtica hoja de ruta para analizar en más detalle procesos clave como la proliferación (generación de una población suficiente de neuronas), migración (las células formadas se mueven hasta su destino definitivo), formación de conexiones (sinaptogénesis), supervivencia celular, desarrollo de patrones de actividad, etc. El trabajo nos detalla a nivel celular qué es lo que sucede en el desarrollo de ese cerebro y proporciona una explicación sólida sobre los cambios en esos procesos clave que se producen en el síndrome de Down. El número de células analizadas es importante, pero la variabilidad individual es siempre alta. Abre la puerta para muchos otros trabajos. También es importante para el futuro ver los cambios en otras ventanas temporales, previos y posteriores al periodo analizado. Además, será necesario analizar cambios generados por variables prenatales, perinatales y posnatales durante el desarrollo del sistema nervioso en personas con Down (infecciones virales, microbiota, alimentación, dificultades en el parto...).
A corto plazo va a incrementar el interés por el neurodesarrollo prenatal y los genes, proteínas y células implicadas. Es importante recordar también que estamos hablando de cerebros humanos, no modelos animales donde las diferencias están siempre presentes. Por así decirlo, esta información no debe ‘traducirse’ a humanos, es en humanos.
A largo plazo va a impulsar la conexión entre los aspectos genéticos, moleculares y celulares, por un lado, la anatomía y fisiología de la corteza cerebral, por otro, y los aspectos comportamentales como resultado de esos procesos. Un ejemplo sería la mayor susceptibilidad a la enfermedad de Alzheimer de las personas con síndrome de Down, por qué se produce, qué cambia en el desarrollo, qué pasa en los tipos celulares analizados…
Los autores plantean algo sensato, con atractivo para el futuro, pero sin caer en una sobrevaloración de las posibilidades. Los listados de genes nos dan pistas de algunos nuevos candidatos y la identificación de procesos e interacción entre proteínas puede señalar algunas dianas terapéuticas. Dicho eso, no sabemos corregir la mayoría de los procesos alterados y nuestro arsenal metodológico es limitado. Hay que ser especialmente cuidadosos con las familias donde existe alguien con síndrome de Down, en no generar falsas expectativas. Es necesario combinar esperanza y prudencia: avanzamos y sabemos más, pero la aplicación clínica no está en el horizonte próximo.
Francisco Tejedor - mapa cerebro down
Francisco Tejedor
Investigador científico en el Instituto de Neurociencias de Alicante (CSIC-UMH), jefe del grupo de Neurogenética Molecular
El síndrome de Down (SD) es la causa genética más frecuente (1:700-1000 nacimientos) de discapacidad intelectual. Aunque desde hace casi 70 años se sabe que se origina por la triplicación del cromosoma 21 (trisomía 21, Ts21), su complejidad genética (unos 250 genes codificantes y varios cientos de ARNs no codificantes triplicados en primera instancia y la regulación de miles de ellos en otros cromosomas afectada consecuentemente) ha lastrado el avance en la comprensión de las alteraciones en los mecanismos celulares y moleculares que conducen a los problemas de neurodesarrollo del SD.
Algunos estudios neurohistológicos y de imagen han mostrado cambios importantes en la arquitectura celular de cerebros prenatales, particularmente en la neocorteza, de individuos con Ts21. Esto indica que los procesos celulares del neurodesarrollo se alteran muy tempranamente en el SD, lo que también indicaban investigaciones realizadas con modelos animales (principalmente ratones). No obstante, cabe señalar que las limitaciones de estos modelos animales al no poder reproducir la organización cromosomal humana, así como algunas diferencias importantes en los procesos de neurogénesis de la corteza cerebral (la región del cerebro posiblemente más evolucionada y desarrollada en los seres humanos), no han permitido una determinación precisa de los procesos celulares y moleculares del neurodesarrollo temprano alterados por la Ts21.
Investigadores de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) han publicado un estudio en la revista Science que aborda justamente ese problema. Han utilizado técnicas genómicas que permiten identificar en células individuales tanto los genes que se expresan como las regiones de la cromatina abiertas, o sea, áreas del genoma disponibles para ser activadas. Aplicando estos métodos a células disgregadas de corteza cerebral a lo largo del segundo trimestre del desarrollo fetal (un periodo crucial en la generación de las neuronas corticales) en cerebros controles y con Ts21 han podido identificar las alteraciones asociadas al SD que ocurren en las poblaciones celulares que se generan durante ese periodo.
El trabajo concluye claramente que el SD afecta extensamente a la secuencia temporal de generación de poblaciones celulares en la neocorteza, produciendo una disminución en la población inicial de células progenitoras neurales y una neurogénesis prematura que podría explicar el conocido déficit neuronal del SD. Más relevante es que estos cambios se traducen en una alteración del patrón espaciotemporal de producción de neuronas que se van situando en capas sucesivas de dentro afuera. Este patrón es fundamental para la especificación de poblaciones neuronales que se integran en circuitos diferenciados de la corteza dependiendo del momento de su nacimiento y la posición que ocupan. Destaca que en la neocorteza con Ts21 encuentran una pérdida del balance entre las poblaciones de neuronas excitatorias con incremento de las que ocupan capas altas, que participan en circuitos locales, en detrimento de las situadas en capas profundas, que conectan con otras regiones del cerebro. Además, el análisis de los datos genómicos colectados permite predecir las posibles redes de regulación génica alteradas por la Ts21 en este periodo del neurodesarrollo.
En su conjunto, el conocimiento que aporta este estudio es de altísimo valor para el avance en la investigación de las causas fundamentales de las alteraciones del neurodesarrollo originado por el SD y no es de desdeñar la posibilidad de que ayude a identificar nuevas dianas terapéuticas. No obstante, ha de tomarse con cautela , al menos a corto plazo, la posibilidad de que este conocimiento se traduzca en el desarrollo de estrategias terapéuticas para contrarrestar las alteraciones del neurodesarrollo tempranas del SD, no solo por las dificultades de índole diversa que cualquier actuación en periodo prenatal supone, sino porque las intrincadas redes de interacciones de genes alteradas por la Ts21, que el propio estudio confirma (2-10 % de genes expresados diferencialmente en todos los cromosomas), hacen muy dificultosa la hipotética restauración de esos procesos hasta su curso normal.
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