Universidad de Salamanca
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Profesor Titular de la Escuela Politécnica Superior de Zamora, Universidad de Salamanca
Profesor titular del departamento de Física Aplicada y miembro del grupo de investigación en Aplicaciones del Láser y Fotónica (ALF) de la Universidad de Salamanca
Líder del grupo Trastornos degenerativos del sistema visual en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León y profesora de la Universidad de Salamanca
Catedrático de Microbiología en el Instituto de Investigación en Agrobiotecnología (CIALE) de la Universidad de Salamanca
Profesor en el departamento de Biología Animal, Parasitología, Ecología, Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Salamanca
Jefe del Servicio de Hematología en el Hospital Universitario de Salamanca y catedrático de Medicina en la Universidad de Salamanca
Jefe del Servicio de Alergia en el Hospital Universitario de Salamanca, catedrático en la facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca y presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica
Catedrático emérito de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Salamanca
Catedrático de Biología Celular de la Universidad de Salamanca e investigador principal en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León
Profesora titular de Farmacología e investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca
El calentamiento del mar está favoreciendo la expansión de Vibrio vulnificus, la bacteria marina apodada ‘carnívora’, que puede causar infecciones graves. El verano pasado, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) alertó de un mayor riesgo durante los meses de verano, especialmente en el mar Báltico. Esta bacteria también se ha identificado en el litoral español, pero los expertos explican que el baño en Mediterráneo es seguro para la población general, ya que la bacteria se desarrolla en aguas de menor salinidad. Aun así, recomiendan mantener la vigilancia en personas vulnerables y no bañarse con heridas abiertas.
Según los resultados de dos ensayos clínicos publicados en Annals of Internal Medicine, en adultos con riesgo cardiometabólico alto, casi 80 minutos de privación de sueño por noche durante seis semanas provocaron un aumento de cerca de medio kilo, así como de la circunferencia de la cintura. En total se incluyeron 95 participantes con un patrón de sueño de al menos siete horas por noche. Los niveles de leptina, hormona que controla el balance energético, y el tiempo sedentario también aumentaron con la privación de sueño.
Un equipo internacional ha analizado datos recogidos entre 1990 y 2024 de casi un millón de personas en siete países respecto a su índice de masa corporal, niveles de colesterol y de presión arterial. Los resultados indican que, en adultos mayores de 40 años, dichos niveles se han ido acercando hasta hacerse bastante similares de forma global en personas obesas y no obesas, posiblemente por la extensión en el uso de tratamientos. A pesar de estos datos, los autores recuerdan que hay otros riesgos asociados a la obesidad no recogidos en el estudio, como la diabetes, la enfermedad renal o el cáncer, entre otros. El trabajo se publica en The Lancet.
En el tratamiento de la obesidad, mantener la pérdida de peso es la fase más difícil. Dos ensayos clínicos independientes publicados en Nature Medicine han seguido dos estrategias diferentes para ello. El primero es un ensayo en fase 3b con el medicamento GLP-1 orforglipron administrado de forma oral y diaria durante 52 semanas. Este incluyó 376 adultos en Estados Unidos que ya habían completado 72 semanas de tratamiento inyectable con tirzepatida o semaglutida. Casi un 75 % y un 80 % respectivamente de los pacientes de cada inyectable mantuvieron la pérdida de peso. El segundo ensayo incluyó 90 adultos con obesidad de Países Bajos que siguieron una dieta hipocalórica durante ocho semanas y luego recibieron un suplemento diario de la bacteria Akkermansia muciniphila durante 24 semanas, junto con una dieta saludable. Aunque quienes recibieron el suplemento recuperaron más del 13 % del peso perdido inicialmente, los que tomaron placebo recuperaron casi el 33 %.
Un estudio publicado en Science ha analizado más de 100.000 células de neocórtex humanos en las semanas 13 a 23 de gestación, cuando se generan las neuronas corticales. Las muestras procedían de 26 donantes, algunos con y otros sin síndrome de Down. Mediante genómica de células individuales (single cell) han visto cómo la trisomía 21 rompe la secuencia de desarrollo de los diversos tipos de neuronas, lo que podría explicar las diferencias posteriores en la cognición. Un segundo trabajo en la misma revista, que examina el cerebro posnatal de niños con síndrome de Down, encuentra que muchos de esos cambios persisten en la infancia. Los autores advierten que su estudio no tendrá aplicaciones clínicas a corto plazo, pero esperan que pueda aprovecharse para generar fármacos específicos o para crear terapias génicas.
Los medicamentos GLP-1 para el tratamiento de la obesidad muestran una notable variabilidad entre individuos. Utilizando datos de 23andMe, científicos de esta compañía de test genéticos han realizado estudios de asociación del genoma completo en casi 28.000 personas tratadas con estos fármacos, junto con la pérdida de peso autoinformada y los efectos adversos. Sus resultados, publicados en Nature, han identificado variaciones en dos genes implicados en las vías hormonales intestinales que regulan el apetito y la digestión, aunque advierten de que los efectos de la genética parecen modestos.
La sequía se asocia con el crecimiento de bacterias resistentes a los antibióticos en el suelo, según afirma un estudio publicado en Nature Microbiology. Usando datos de hospitales en 116 países, el estudio observa una asociación entre la aridez a nivel local y la frecuencia de bacterias resistentes a los antibióticos, aunque la investigación no demuestra una relación causal entre ambos fenómenos.
La secuenciación de los genomas de cerca de 38.000 personas fumadoras de México mostró que las variantes en un gen receptor de nicotina se asociaban a una menor probabilidad de tabaquismo intenso, según un estudio publicado en Nature Communications. Se trata de una variante del gen CHRNB3 –que codifica la subunidad β3, a la que se une la nicotina para ejercer su acción gratificante en el cerebro–. En comparación con las personas portadoras de la versión más común del gen, aquellas con una o dos copias de la variante identificada fumaban un 21 % o un 78 % menos cigarros, respectivamente. Los datos fueron validados en poblaciones con ascendencia asiática y europea.
Los medicamentos agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), empleados para el control de la obesidad y la diabetes tipo 2, se asocian con cambios en la compra de alimentos a favor de opciones más saludables. Este resultado, publicado en la revista JAMA Network Open, se obtuvo gracias al análisis de casi dos millones de tiques de compra de más de 1.100 participantes en Dinamarca. Aquellos que iniciaron un tratamiento con fármacos GLP-1 pasaron a realizar compras con menos calorías, azúcares, grasas saturadas y carbohidratos, junto con un aumento modesto del contenido proteico. Asimismo, se observó una disminución en la compra de alimentos ultraprocesados.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es la principal causa de ceguera irreversible y no tiene un tratamiento que permita recuperar visión. Ahora, un equipo internacional ha probado un dispositivo que combina un pequeño chip inalámbrico implantado en la parte posterior del ojo y unas gafas de alta tecnología. Los científicos han logrado restaurar parcialmente la visión a personas con una forma avanzada de la enfermedad. En concreto, 26 de las 32 personas que completaron el ensayo tuvieron una mejora clínicamente significativa y eran capaces de leer. Los resultados se publican en la revista NEJM.