Monique Botha
Profesora asociada de Psicología Social y del Desarrollo en la Universidad de Durham (Reino Unido)
Teniendo en cuenta el objetivo de este estudio, se trata de un trabajo bien realizado con ratones que utiliza varias técnicas complementarias para demostrar que el bloqueo de una vía biológica concreta puede modificar rápidamente la actividad cerebral y el comportamiento en este modelo animal específico. Los propios autores se muestran cautelosos a la hora de afirmar que la rapamicina es un tratamiento. Demuestran que los efectos son temporales, que la administración repetida pierde eficacia y que la toxicidad hace que la rapamicina no sea adecuada para un uso generalizado en humanos.
La nota de prensa es adecuadamente cautelosa, al dejar claro que estos hallazgos no demuestran que el autismo se haya revertido, ni sugieren que la rapamicina sea un tratamiento para las personas autistas.
La mayor limitación del estudio es de carácter más fundamental. El autismo es una experiencia neurodesarrollativa humana compleja y muy diversa. No disponemos de un único marcador biológico ni de un cambio cerebral que defina el autismo, por lo que actualmente no es posible crear un ratón que 'tenga autismo'. En su lugar, los investigadores inducen cambios biológicos concretos y miden un pequeño número de comportamientos que, en su opinión, se asemejan a algunas características autistas en roedores. Sigue siendo objeto de debate si estos comportamientos reflejan realmente el autismo, en lugar de cambios más generales en el movimiento, el procesamiento sensorial o la ansiedad. Esto es importante porque describir los hallazgos como una reversión de "cambios cerebrales similares a los del autismo" corre el riesgo de dar la impresión de que el autismo puede reducirse a un puñado de comportamientos en ratones y esa es la conclusión a la que podría llegar el público en general.
El acicalamiento repetitivo, las respuestas sensoriales alteradas y la reducción de la interacción social no son exclusivos del autismo. Se observan comportamientos similares tras cambios relacionados con la ansiedad, el estrés, la enfermedad, el dolor, la compulsividad, la función motora o la excitación. Las mejoras en estos indicadores no implican necesariamente cambios en los procesos relevantes para el autismo. El autismo es una condición exclusivamente humana que involucra la cognición, la comunicación, la identidad y la experiencia vital, y que no puede modelarse directamente en roedores.
La verdadera contribución de este estudio es que identifica mecanismos biológicos en este modelo concreto de ratón que podría merecer la pena investigar más a fondo, no que haya desvelado la biología del autismo en sí misma, ni que haya demostrado que el autismo pueda revertirse. Me preocupa que el público pueda no comprender este matiz y que esto ni siquiera refleje los tipos de seres humanos a los que supuestamente pretende representar en cierta medida.