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Enrique M. Muro

Investigador principal titular en el Instituto de Evolución Organísmica y Molecular de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (Alemania)

La bioinformática continúa iluminando el ‘agujero negro de la biología’ del que surgió la célula eucariota con toda su complejidad. En este trabajo, los autores siguen la estela de Margaret Dayhoff, la madre de la bioinformática que, entre otras contribuciones fundacionales, aportó las primeras evidencias sólidas de un origen alphaproteobacteriano de la mitocondria eucariota. Fue entonces cuando la teoría endosimbiótica de Lynn Margulis ganó la relevancia que tiene hoy en día.  

El artículo presentado es técnicamente riguroso y sólido. La hipótesis inicial de que había más procariotas involucradas circulaba entre la comunidad científica, pero este trabajo añade mucha más evidencia e implica a distintos grupos bacterianos, incluso virus gigantes como mediadores en la transferencia génica para que emergiera el primer eucarionte. La consecuencia más relevante que surge de la discusión es que pudo haber una adquisición gradual a través de sucesivos eventos evolutivos. La línea de investigación de mi grupo, que une la biología computacional y la física, apunta a que sucedió algo más, una sinergia donde el todo excedió a la suma de las partes. En ese momento se produjo la transición biológica, creemos que a nivel genético y de forma abrupta. 

Desde luego, trabajos como este son una muestra de la capacidad biotecnológica del ser humano. Hace tan solo 25 años nos hubiera parecido inverosímil que se pudieran mostrar evidencias de este tipo (tengamos en cuenta que el origen de la célula eucariota aconteció hace miles de millones de años, nueve ceros en el número de años). La secuenciación y la bioinformática lo están consiguiendo, y algo parecido consigue la paleogenómica, que llega a reconstruir la historia de poblaciones y especies incluso extintas. Sucedió hace tanto tiempo que rebuscar entre esas secuencias parece como buscar entre los posos del café. Pero los autores nos demuestran que todavía nuestra capacidad biotecnológica es válida para encontrar respuestas por esa vía.

ES