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Pablo Romero Seseña

Doctor en Derecho y Criminología, y profesor lector en la Universitat Oberta de Catalunya (Estudios de Derecho y Ciencia Política)

El estudio es sin duda muy interesante, tanto por la magnitud, como por arrojar información sobre el abuso sexual infantil en una región donde no existe tanta evidencia disponible como en otras zonas del mundo.

El estudio de Sakshi Ghai y colaboradores aporta evidencia empírica de gran interés para la comprensión del abuso y la explotación sexual infantil facilitados por la tecnología (CSEA), en tanto que presenta datos robustos de prevalencia de dicho fenómeno en una serie amplia de países del sudeste asiático y áfrica. En este sentido, el interés es doble, pues además de arrojar luz a este fenómeno en dichos países, constituye un hito científico al ser de los primeros estudios multipaís sobre esta problemática en esta región del globo. Dicho esto, los resultados obtenidos por el equipo investigador se sitúan muy a tenor de estudios previos llevados a cabo a nivel mundial, que siguen patrones relativamente estables en el campo del abuso sexual infantil (digital o físico), cuyas tendencias a nivel global sitúan su prevalencia en torno al 20 % para la población general.

En el ámbito digital, y si bien es cierto que este es un ámbito aún en estudio debido a la rapidísima expansión de la digitalización, los resultados hallados confirman el abasto global de esta problemática, tal y como destacan estudios previos llevados a cabo en ciberlugares específicos como los videojuegos, las redes sociales, o los foros públicos en internet.

Yendo más allá, uno de los principales hallazgos de este estudio, en mi opinión, es la confirmación de que el abuso sexual infantil (ya sea físico o digital) no es una problemática que afecte de forma específica o única a niñas, sino que se trata de un problema transversal que impacta a niños y niñas casi por igual (16,9 % vs 17 %), requiriéndose de soluciones holísticas.

En cuanto a los patrones de reporte o disclosure de las experiencias de victimización, si bien la cifra negra hallada por el equipo investigador es elevada (el 51 % no se lo cuenta a nadie), esta se sitúa incluso en un margen optimista en comparación a estudios previos llevados a cabo en este ámbito, que destacan que entre el 50 % y el 80 % de los menores víctimas de abuso sexual infantil no reportan dichas experiencias durante la infancia.

A nivel metodológico, se trata de un estudio robusto, multipaís y que cuenta con muestras comunitarias amplias que son estadísticamente representativas a nivel nacional de la población menor conectada. Cabe destacar, en cualquier caso, que es importante ejercer cierta cautela al tratar de extrapolar e interpretar estos resultados, pues si bien el equipo investigador ha podido controlar una serie de variables en las comparativas multipaís (población rural vs urbana; conectividad de la sociedad, etc.), muchas otras han sido difícilmente controlables (factores culturales, sociales, legales, etc.), lo que dificulta poder llevar a cabo comparaciones más profundas.

Finalmente, y si bien los autores de la investigación lo señalan repetidas veces, es importante recordar que estudios transversales como el de Sakshi Ghai y colaboradores permiten ver una determinada situación en un determinado momento, siendo esta fotografía importante para entender el estado de la cuestión en torno a una problemática en un momento determinado. Sin embargo, estos estudios no permiten establecer relaciones causales entre las distintas variables y problemas observados, requiriéndose para ello estudios de carácter longitudinal.

ES