Pedro Mocho
La publicación de este nuevo ejemplar de dinosaurio saurópodo es de gran importancia para comprender mejor los ecosistemas terrestres de la península ibérica durante el Jurásico Superior, hace aproximadamente 145 millones de años. Aunque el ejemplar encontrado en Teruel es fragmentario, conserva información suficiente para atribuirlo con bastante seguridad al género Diplodocus. Esta es la primera vez que podemos confirmar con un grado razonable de seguridad la presencia de Diplodocus en la península ibérica, un género conocido principalmente por aparecer en rocas de la misma edad en el otro lado del océano Atlántico.
Este es, sin duda, uno de los aspectos más importantes de esta investigación. El hallazgo demuestra la presencia de un mismo género de dinosaurios saurópodos a ambos lados del Atlántico en un momento en el que la península ibérica y Norteamérica estaban geográficamente más próximas y separadas por mares menos profundos. El descubrimiento se suma a la lista de otros géneros de dinosaurios que sabemos que habitaron ambas regiones durante el Jurásico Superior, como los terópodos Allosaurus, Ceratosaurus y Torvosaurus, y el estegosaurio Stegosaurus. Este último era un dinosaurio herbívoro caracterizado por las enormes placas óseas que recorrían su espalda y por las largas espinas situadas en la parte final de la cola.
La presencia de Diplodocus en Teruel también respalda las sospechas planteadas recientemente por otros investigadores sobre la existencia de un saurópodo muy próximo a este género, Diplodocus, en las rocas del Jurásico Superior de Portugal. Todo ello resulta especialmente interesante porque nos permite comprender que las faunas de saurópodos del Jurásico Superior de la península ibérica eran mucho más parecidas a las que habitaban Norteamérica de lo que hasta ahora podíamos imaginar. En particular, presentan importantes semejanzas con las faunas de saurópodos de la formación Morrison, una de las formaciones geológicas más conocidas del Jurásico Superior de Norteamérica.
Es una gran satisfacción comprobar que nuevos hallazgos, como este ejemplar de Teruel, nos están proporcionando la información necesaria para reconstruir la historia y las conexiones entre las faunas de dinosaurios que vivieron en ambos lados del Atlántico hace unos 145 millones de años.