Rubén del Campo
Portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
Lo primero que hay que destacar es que el fenómeno denominado Superniño no es una terminología científica. Se suele dar este nombre más periodístico de Superniño a aquel fenómeno de El Niño en el que las anomalías de la temperatura del agua del mar en una determinada zona del Pacífico, una zona que se denomina El Niño 3.4, alcanza temperaturas superiores a los 2 grados. El Niño es un fenómeno natural por el cual las aguas del océano Pacífico ecuatorial, sobre todo en su parte central y oriental, experimentan un aumento de la temperatura hasta alcanzar valores anómalamente altos.
Se considera que, cuando la temperatura de esta zona del Pacífico alcanza una temperatura superior a un grado Celsius por encima de lo normal, ya tenemos un fenómeno de El Niño. Cuando sucede, sobre todo si este fenómeno se acopla con la atmósfera, puede haber cambios de patrones y provocar tipos de tiempo diferentes a los habituales. Por ejemplo, puede incrementar las lluvias en zonas de América del Sur, incrementar las sequías en zonas del Caribe, o provocar que en el Atlántico haya menos huracanes que de costumbre. Ahora mismo, con los últimos pronósticos en la mano, hay alrededor de un 60 % de probabilidades de que cuando comience el verano del hemisferio norte, es decir, a partir de junio, se desarrolle El Niño.
Este fenómeno podría intensificarse más, y no es descartable que a finales del verano o comienzos del otoño tuviésemos un episodio muy fuerte, lo que algunos medios llaman Superniño. Ahora mismo, la probabilidad es aproximadamente del 25 %, ya de cara a finales de verano o comienzos del otoño. De todas formas, estamos todavía en una época en la que la predictibilidad del fenómeno no es la más alta y se podrá confirmar mejor en la actualización del pronóstico del mes de mayo y, por supuesto, ya en junio.
Todavía hay cierta incertidumbre. ¿Las razones por las que se produciría este Superniño? Como digo, porque las anomalías del agua del mar en la zona alcanzarían valores superiores a los 2 grados. Este calentamiento anómalo suele ocurrir por distintas circunstancias, pero todo arranca por un debilitamiento de los vientos alisios que soplan en esa zona.
Proceden del nordeste en el hemisferio norte y del sureste en el hemisferio sur, y como son vientos constantes, remueven las aguas, hacen aflorar aguas profundas, que son más frías, y por eso las temperaturas generalmente son más bajas cuando hay vientos alisios. Cuando estos alisios se calman, esas aguas no afloran. Además, al no soplar el viento, el agua superficial se va calentando cada vez más hasta que se alcanza ya una anomalía suficiente para poder hablar de El Niño. Si el fenómeno se prolonga y sigue siendo intenso, puede dar lugar a un fenómeno muy fuerte, con unas temperaturas de más de 2 grados de anomalía.
En este sentido, hay que señalar que no hay una correlación directa entre la ocurrencia de El Niño y el tipo de tiempo que podamos esperar en España. Se está hablando mucho de una gran subida de las temperaturas, pero hay que destacar que cuando se habla de esto se habla de temperaturas a escala global. Tenemos que pensar que cuando hay un fenómeno de El Niño hay una gran cantidad de agua oceánica más caliente de lo normal y este hecho hace que las temperaturas medias globales suban. Por lo tanto, a finales de este año o comienzos del que viene, si el fenómeno de El Niño se mantiene, a escala global podríamos estar hablando de alguna décima de grado adicional al calentamiento de fondo que estamos experimentando por causas antropogénicas.
Es decir, el mayor calentamiento de nuestro planeta se está produciendo claramente por la emisión de gases de efecto invernadero, pero este fenómeno natural de El Niño podría añadirle alguna décima de grado adicional a finales de este año o comienzos del que viene. Pero para España no hay, insisto, una correlación clara. Desde luego, para el verano no la tiene por qué haber.
Puede ser un verano extremadamente caluroso, se haya desarrollado El Niño o no se haya desarrollado. Los dos veranos más cálidos que hemos tenido en España hasta ahora, que fueron el de 2022 y el del año pasado, ambos fueron extremadamente cálidos y no hubo fenómeno de El Niño. Por lo tanto, no se puede establecer una correlación.
Es verdad que sí que algunos estudios apuntan a que cuando hay un fenómeno de El Niño intenso, además, puede suceder que en la península tengamos un otoño más lluvioso. Alguna correlación en ese sentido puede haber. Pero hay que destacar que no siempre que hay un fenómeno de El Niño el otoño es más lluvioso de lo normal en España y no siempre que hay otoños más lluviosos de lo normal en España es por el fenómeno de El Niño.
Así que, en ese sentido, las incertidumbres son todavía muy elevadas.