Autor/es reacciones
Alicia Calvo-Villamañán
Investigadora postdoctoral en el Gulbenkian Institute for Molecular Medicine en Lisboa
El trabajo está bien hecho, con una buena selección de datos y las limitaciones habituales en este tipo de estudio. Por ejemplo, en los casos que no tienen todos los datos de los pacientes necesarios, asumen que, si no se ha escrito que la persona ha viajado a un país de riesgo, significa que la persona no ha estado en un país de riesgo en los últimos 28 días o que, si no se especifica el género, la persona es mujer (lo que automáticamente coloca la muestra en el grupo de no-hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres).
Este estudio pone de manifiesto la necesidad de adoptar en nuestros sistemas sanitarios guías de tratamiento antibiótico que tengan en cuenta la compleja dinámica de la resistencia a los antimicrobianos. El término bystander resistance (en español podría traducirse como “resistencia en bacterias no diana”) se refiere a las situaciones en las que un antibiótico se utiliza para tratar una infección causada por una bacteria específica, pero el tratamiento tiene como efecto secundario la selección de resistencia a ese antibiótico en otra bacteria distinta. En este caso, el tratamiento con azitromicina de un paciente con una infección por gonorrea podría favorecer la selección de resistencia a la azitromicina en Shigella si el paciente también estuviera infectado por esta segunda bacteria. Cuando las guías nacionales de tratamiento del Reino Unido dejaron de recomendar el uso de este antibiótico para tratar las infecciones por gonorrea, la aparición de resistencia a la azitromicina en Shigella se ralentizó.
La propagación de la resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno muy complejo, debido a varios factores. En primer lugar, las bacterias viven en comunidades muy complejas que favorecen una intensa interacción entre ellas, como ocurre en las microbiotas humanas. En segundo lugar, las distintas bacterias presentan diferente susceptibilidad frente a un mismo antibiótico. Esto significa que la dosis adecuada para eliminar una primera especie bacteriana puede ser insuficiente para eliminar una segunda, lo que puede favorecer la aparición de resistencia a los antibióticos en esta última. En tercer lugar, las comunidades humanas también son muy complejas y en ellas coexisten comportamientos individuales muy diversos. Todos estos factores dificultan el establecimiento de guías nacionales adecuadas para el uso de los antibióticos. A medida que aumenta nuestro conocimiento sobre la resistencia a los antimicrobianos, es necesario actualizar las guías nacionales para que reflejen estos nuevos avances y nuestra comprensión cada vez más precisa de este fenómeno.
ES