Antonio Urries
Director de la Unidad de Reproducción Asistida del Hospital Quirónsalud de Zaragoza y miembro del Comité Científico Quirónsalud
Es un trabajo de muy alta calidad: un estudio que implica a 139.416 embriones y 22.850 parejas a las que se les ha realizado un ciclo de fecundación in vitro con estudio genético sobre sus embriones implica un gran tamaño muestral.
Por otra parte, los métodos estadísticos aplicados son los apropiados, con resultados coherentes con la biología conocida en estudios con animales y que refuerzan las conclusiones.
Siempre se ha considerado la edad como el principal factor limitante en la fertilidad de la mujer, dada la edad cada vez más avanzada a la que se accede al embarazo. Pero habitualmente nos encontramos con mujeres de edades similares que tienen mayores problemas de infertilidad y mayor riesgo de generar embriones con alteraciones cromosómicas y de aborto sin motivo aparente.
En este estudio encontramos una nueva vía de investigación, según la cual variaciones específicas muy concretas en el ADN de los progenitores podrían ser la causa de que se generen con mayor frecuencia embriones con carga genética alterada, como factor independiente y complementario de la edad.
Aparentemente el problema podría venir originado por un mal funcionamiento de los genes responsables de mantener cohesionados a los cromosomas. Estas uniones son esenciales para una segregación cromosómica precisa y tienden a romperse a medida que las mujeres envejecen, lo que se relaciona con un mayor riesgo de infertilidad y de pérdida de embarazo.
Este estudio sugiere que el origen de dicho mal funcionamiento podría deberse a una disminución de la expresión de genes como SMC1B, C14orf39, CCNB1IP1 y RNF212, lo que provocaría un menor número de recombinaciones en los óvulos y con ello aumentaría el riesgo de aneuploidías, algo ya sugerido en estudios previos en modelos animales, según los cuales “pocas recombinaciones” favorecen errores en la genética del embrión, pero nunca demostrado a esta escala.
Aunque el riesgo individual de cada variante es bajo y no hay intervención directa, puede cambiar la práctica sobre todo en investigación al ayudarnos a priorizar genes y vías para estudios funcionales, mejorar modelos de riesgo de aneuploidía y aprovechar datos de PGT [test genético preimplantacional] como gran plataforma para estudiar la meiosis humana.
[En cuanto a posibles limitaciones] Hay que tener en cuenta que el estudio está basado en parejas procedentes de ciclos de fecundación in vitro, no de la población general, con el sesgo poblacional que ello implica.
Por otra parte, la heredabilidad explicada por las variantes comunes es baja y el estudio no analiza bien variantes raras ni estructurales ni factores ambientales, por lo que en estos momentos no es útil para hacer una predicción sistematizada clínica individual, aunque ayuda a entender mejor los mecanismos de la meiosis.