Autor/es reacciones

Víctor Resco de Dios

Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio

Algunos climatólogos consideran que el cambio climático se está acelerando y estos datos podrían favorecer esta hipótesis. A medida que las olas de calor aumentan, la atmósfera se vuelve más sedienta, favoreciendo la desecación de la vegetación y unas condiciones de inestabilidad atmosférica que amplifican la virulencia de los incendios. En lo que respecta a la actividad ígnea cabe destacar que no se trata de una situación sin precedentes desde el punto de vista de área quemada o de emisiones. El medio millón de hectáreas que ha ardido en Europa está por encima de la media (197.347 hectáreas), pero por debajo del récord de los últimos 20 años (611.945 hectáreas) según los datos del sistema Copernicus.

Además, en 1948 ya ocurrió un incendio en las Landas de Gascuña (Francia) que arrasó 20.000 hectáreas en cuestión de minutos como resultado del abandono de la gestión durante la 2ª Guerra Mundial y de la sequía de aquellos años. Lo que ha cambiado es la frecuencia de estos eventos extremos y que, por primera vez, un incendio forestal ha amenazado una de las grandes capitales europeas, como es Madrid. También hemos vivido uno de los incendios con más víctimas mortales de los últimos años en España con 14 fallecidos en Los Gallardos (Almería). Llama la atención la gran afectación de los megaincendios sobre áreas protegidas: entre el 80 y el 100 % del área quemada en los incendios cerca de Madrid ocurrió en zonas protegidas y lo propio ocurrió en el 72 % del área quemada en Los Gallardos según EFFIS. En los incendios cerca de Burdeos (Francia), el 76 % del área quemada ocurrió en áreas protegidas. También hemos visto cómo ardían más de 100 casas en un pueblo cerca de Oslo (Noruega) por un incendio forestal.

El cambio climático está creando las condiciones cada vez más propicias para el desarrollo de megaincendios forestales. La buena noticia es que a través de la gestión de la vegetación y del urbanismo podemos mitigar en gran parte el problema. Sea como fuere, debemos tener clara una cosa: lo que hoy nos parece extremo, en unas décadas será particularmente benévolo si seguimos sin tomar las medidas adaptativas necesarias.

ES