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Víctor Resco de Dios

Profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida

Hace ya 12 años, en 2014, Frank Dancevic colapsó mientras jugaba en el abierto de Australia. En la competición de este año vimos también cómo se suspendieron varios partidos y se cerraban las techumbres. Pero ¿qué pasa en los deportes al aire libre?

El estudio indica cómo los corredores del Tour de Francia están bajo un riesgo cada vez mayor y que hasta ahora se han librado “por suerte”. Esto es, aunque el calor estival es cada vez más riguroso, los días clave del Tour no han coincidido con los peores días de las horas de calor. Sería extremadamente ingenuo, e irresponsable, pensar que el Tour se va a seguir librando del cambio climático y antes o después empezaremos a ver los corredores bajo olas de calor extrema.

El problema del cambio climático no es tanto el calor, sino la falta de adaptación. Sabemos que la deseable disminución de emisiones es, a día de hoy, una quimera y, por tanto, debemos empezar ya a adaptarnos. El mundial de Catar de 2022, por ejemplo, se celebró en noviembre para evitar la canícula estival. Y quizás veamos cómo medidas parecidas se toman en cada vez más deportes. Aparte de cambiar las fechas, las ubicaciones también se pueden repensar, de manera que en los días más calurosos se celebren las etapas de mayor altitud.

ES