Ana Hernández
Planificadora en Biodiversidad y Recursos Naturales de la Fundación para la Investigación del Clima (FIC)
La tercera edición del análisis sobre el estado de la Remoción de Dióxido de Carbono (CDR) constituye nuevamente un estudio de alta calidad científica, elaborado por más de 100 autores de instituciones líderes mundiales. Su metodología sigue una rigurosa revisión por pares, trabaja con datos actualizados a 2025 disponibles públicamente y utiliza escenarios propios más calibrados que en ediciones anteriores. Las limitaciones están claramente especificadas capítulo a capítulo, lo que refuerza la transparencia e independencia de los resultados. En términos institucionales, es el equivalente al IPCC para el CDR: la referencia científica global en la materia.
Entre las limitaciones destacadas, sobresale una incertidumbre de aproximadamente el 20 % en las estimaciones de CDR convencional, derivada de la dificultad de separar la captura de CO₂ de origen humano de la absorción natural. El CDR novel [innovador] por su parte, depende de información aportada voluntariamente por las empresas, sin sistema de reporte obligatorio, lo que puede generar subestimaciones. A ello se añade que los modelos de referencia no incorporan el secuestro asociado a la restauración de turberas o suelos agrícolas, cuyo potencial podría ser relevante.
En cuanto al análisis, aquí es donde el informe puede resultar incómodo de leer, pues el panorama que se presenta es más preocupante que el de 2024. El CDR novel crece un 40 % anual, pero desde una base tan pequeña que sigue siendo marginal: mientras 2.200 MtCO₂/año provienen de forestación y reforestación, este CDR apenas alcanzó 2 MtCO₂ en 2025, es decir, apenas el 0,1 % del total, un porcentaje que francamente debería darnos más urgencia de la que vemos en las políticas actuales. A esto se suma que la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París añade aproximadamente 700 MtCO₂ a la brecha de CDR en 2050, siendo el cambio más impactante respecto a la edición anterior, y que Microsoft, principal comprador del CDR novel con el 82 % del mercado, ha anunciado una posible pausa en sus adquisiciones. Ambos factores contribuyen a la caída de las ambiciones corporativas y a la creciente fragilidad del sistema de apoyo. Para completar el cuadro, ningún país del G20 tiene un objetivo legalmente vinculante de CDR, y los NDC presentados en 2025 no aumentaron la ambición en materia de remoción de carbono.
En cuanto a los objetivos climáticos, los resultados son bastante claros: superar temporalmente el umbral de 1,5 °C ya es prácticamente inevitable, dado que el presupuesto de carbono restante se agotará alrededor de 2030. Esto no significa que ese objetivo esté perdido para siempre, pues los escenarios muestran que es posible volver a estar por debajo de ese umbral a finales de siglo, pero convierte al CDR en una herramienta imprescindible. Y cada año de retraso en reducir emisiones encarece ese camino de forma drástica: diez años de demora implican remover 164 GtCO₂ adicionales a lo largo del siglo. El CDR convencional no puede asumir ese peso solo, la superficie disponible para bosques es finita, los ecosistemas forestales son vulnerables al cambio climático y algunos compromisos de reforestación han resultado poco creíbles en la práctica. Este informe confirma lo que muchos en la comunidad científica venimos señalando: no hay margen para elegir entre reducir emisiones o desarrollar el CDR. Hay que hacer ambas cosas, y hay que empezar ahora.