Anna Cabré
Científica del clima asociada a la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos)
El calor extremo o prolongado en el tiempo afecta directamente a nuestra salud, sobre todo porque está asociado a problemas del sistema cardiovascular. También tiene efectos indirectos: por ejemplo, puede alterar funciones básicas como el sueño, lo que a su vez repercute en la salud y en la productividad. El calor también afecta a la alimentación y a nuestros hábitos saludables. Este estudio analiza precisamente uno de estos efectos indirectos, cómo el calor influye en el sedentarismo, un factor de riesgo importante asociado a mortalidad prematura. Los resultados muestran que, basándose en las relaciones históricas entre temperatura y niveles de actividad física, para 2050 podría producirse un aumento cercano al 10 % en las muertes atribuibles al sedentarismo inducido por el calor, especialmente en países más vulnerables y con menos recursos para adaptarse.
Estos hallazgos introducen una nueva dimensión de la justicia climática, ya que las poblaciones con menos capacidad de adaptación podrían sufrir de forma desproporcionada estos impactos indirectos del calor. Al mismo tiempo, el estudio abre una línea importante de investigación y acción: cómo diseñar ciudades y entornos urbanos que permitan mantener la actividad física incluso en condiciones de calor, mediante soluciones como espacios sombreados, infraestructura verde, horarios adaptados o entornos urbanos que reduzcan la exposición térmica.