Autor/es reacciones

Ernesto Rodríguez Camino

Meteorólogo Superior del Estado y presidente de la Asociación Meteorológica Española

Es bien conocido que mientras que el aumento de la concentración en la atmósfera de gases de efecto invernadero es responsable del calentamiento global al que estamos asistiendo impasibles, los aerosoles atmosféricos (partículas microscópicas, ya sean sólidas o líquidas, que se encuentran suspendidas en el aire), en general, tienden a compensar parcialmente este calentamiento bien por reflejar o dispersar la radiación procedente del Sol o bien por su contribución en la mayor formación de nubes. Las fuentes de aerosoles pueden ser de tipo natural (polvo del Sáhara, cenizas volcánicas o gotículas marinas ricas en sal) o de origen humano. Entre estas últimas predominan los aerosoles procedentes de las emisiones de procesos industriales, plantas de energía y contaminación urbana por uso de combustibles fósiles. 

Aunque se sabe que la reciente aceleración del calentamiento global está muy relacionada con la reducción en las emisiones de aerosoles de origen antrópico, la originalidad de este estudio reside en que cuantifica, utilizando dos modelos climáticos, el papel de las tres fuentes más importantes de estos aerosoles: el control de la contaminación atmosférica en China, las normas más restrictivas para las emisiones del transporte marítimo y el control de las emisiones de aerosoles del resto de los países. Este trabajo estima que un 52 % de la aceleración observada en el calentamiento se debe a la reducción en las emisiones de estas tres fuentes de aerosoles de origen humano. 

La reducción de las emisiones antrópicas de aerosoles es esencial en términos de salud pública, al reducir sustancialmente las afecciones cardiorrespiratorias, con la gran mortalidad asociada, causadas por la contaminación atmosférica. Este estudio insiste una vez más que para controlar el calentamiento global asociado a la mayor concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera cambio climático y a la vez reducir las graves repercusiones en la salud pública de la contaminación atmosférica las políticas deberán priorizar —y hacer compatibles— las medidas de descarbonización y los controles de la contaminación atmosférica. 

ES