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Jannette Rodríguez Pallares

Profesora titular de universidad en el Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la Enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS- USC), Universidade de Santiago de Compostela.

"La enfermedad de Parkinson es la enfermedad neurodegenerativa con mayor crecimiento en la actualidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos de párkinson se han duplicado en los últimos 25 años y alerta de que pueden llegar a triplicarse en los próximos 25 años. Al tratarse de una enfermedad cuya causa aún no conocemos, resulta de gran relevancia identificar y minimizar los factores de riesgo asociados al párkinson. 

Existen numerosas evidencias que relacionan la exposición a determinados agentes ambientales, especialmente pesticidas utilizados en la agricultura y, más recientemente, contaminantes derivados de la industria, con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson. En este contexto, el estudio explora si la exposición al ruido del tráfico rodado también podría estar asociada con ese riesgo, reforzando el interés por investigar factores ambientales potencialmente modificables que puedan contribuir a la prevención de la enfermedad. 

Se trata de uno de los primeros estudios que analizan el papel del ruido del tráfico rodado como factor de riesgo de la enfermedad de Parkinson. Los resultados indican que la exposición al ruido del tráfico durante periodos prolongados aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad. Respecto a trabajos previos, realizados en Países Bajos y Canadá, este estudio, realizado en Dinamarca, va un paso más allá, ya que incluye datos de un gran número de participantes, más de tres millones de personas, y tiene en cuenta la posible influencia de más variables, incluidos factores poblacionales, socioeconómicos y ambientales. 

El estudio indica que la exposición de las fachadas de las viviendas al ruido del tráfico rodado se asocia con un mayor riesgo de desarrollar párkinson. También sugiere que el ruido podría tener un efecto especialmente relevante en los períodos de descanso, sobre todo en viviendas que no disponen de fachadas menos expuestas al ruido, donde suelen situarse las zonas de descanso. Estos resultados ponen de relieve la importancia de tener en cuenta este tipo de factores en la planificación urbanística. Aunque el estudio no aborda los posibles mecanismos biológicos que relacionarían la exposición al ruido con la degeneración de las neuronas dopaminérgicas típica del párkinson, sugiere que podría estar relacionado con alteraciones del sueño y del ritmo biológico. Hoy sabemos que durante el sueño se activan sistemas en el cerebro que arrastran y eliminan moléculas tóxicas que contribuyen a su salud, que se interrumpen cuando el sueño no es continuo. Además, el ruido puede contribuir a aumentar la inflamación y el estrés oxidativo, tanto fuera como dentro del sistema nervioso, procesos clave en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Aunque es poco probable que el ruido provoque directamente la muerte de las neuronas, sí podría contribuir a alterar los mecanismos de defensa del cerebro y favorecer procesos biológicos que participan en el desarrollo de la enfermedad. Por tanto, necesitamos nuevos estudios que permitan comprender los mecanismos biológicos que podrían explicar la asociación entre el ruido y la enfermedad de Parkinson. Al mismo tiempo, serán necesarios más estudios epidemiológicos que confirmen estos resultados, ayuden a identificar nuevos factores de riesgo y proporcionen la evidencia necesaria para diseñar estrategias de prevención y orientar la toma de decisiones en salud pública, ante el creciente impacto que esta enfermedad tendrá en las próximas décadas”. 

 ¿El estudio es de buena calidad? 

“El estudio ha sido publicado en una revista científica médica internacional de gran prestigio, que sigue un proceso de revisión riguroso y de calidad, lo que respalda la solidez científica de la metodología y de los resultados descritos”. 

¿Tiene alguna limitación que haya que tener en cuenta? 

“Se trata de un estudio longitudinal a largo plazo, que incluye datos de un gran número de participantes, que emplea una metodología validada y que analiza diferentes variables poblacionales, socioeconómicas y ambientales, combinadas con la exposición al ruido del tráfico rodado. Sin embargo, tiene algunas limitaciones, que también consideran los autores, como la necesidad de tener en cuenta otros indicadores, como los aspectos estructurales de las viviendas, la exposición al ruido de los participantes fuera de la vivienda, por ejemplo, en el ámbito laboral, o aspectos relacionados con el estilo de vida, como el tabaquismo o el ejercicio físico. Asimismo, sería interesante considerar otros factores que también pueden influir en el riesgo de desarrollar la enfermedad, como la presencia de otras patologías en los participantes, como la obesidad, diabetes o hipertensión. Hoy sabemos que estas condiciones aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad y podrían influir en los resultados de este tipo de estudios”. 

¿Qué implicaciones tiene y cómo encaja con la evidencia existente? ¿Es novedoso el ruido del tráfico como factor de riesgo? 

“Mientras que la exposición a determinados factores ambientales, como los pesticidas, es un factor de riesgo bien conocido para la enfermedad de Parkinson, las evidencias que apuntan al ruido del tráfico como posible factor de riesgo son mucho más recientes. Hasta ahora, solo se habían publicado dos trabajos previos, uno con datos de la población de Países Bajos y otro de Canadá, con resultados contradictorios, en parte explicados por la metodología y el tipo de estudio. Se trata, por tanto, de una línea de investigación prometedora, aunque todavía en una fase temprana. Estudios como este pueden ayudar a identificar factores modificables que, una vez confirmados, contribuyan a diseñar estrategias para prevenir o reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad”. 

ES