Naveed Sattar
Catedrático de Medicina Cardiometabólica y médico consultor honorario de la Universidad de Glasgow (Reino Unido)
Este es un análisis excelente dadas las limitaciones de los datos, pero los hallazgos no son inesperados y se alinean con lo que ya sabemos: los fármacos para la pérdida de peso funcionan bien cuando se toman de forma continuada y la recuperación de peso suele ocurrir tras suspenderlos. Tampoco sorprende que la pérdida de peso con medicación sea algo más rápida que con cambios en el estilo de vida, ya que los participantes en ensayos de estilo de vida tienden a estar más motivados y a tener mayor autoeficacia que los de los ensayos farmacológicos.
Es importante destacar que el uso continuado de estos medicamentos durante 3–4 años permite a las personas mantener un peso significativamente menor del que tendrían de otro modo, un beneficio que no suele observarse con la pérdida de peso inducida por el estilo de vida, donde muchos recuperan peso con el tiempo.
Este artículo aún no puede decirnos si el uso a corto plazo ofrece beneficios duraderos para los órganos, pero es plausible que pesar menos durante incluso 2–3 años gracias al uso a corto plazo de estos medicamentos pueda ayudar a ralentizar el daño en articulaciones, corazón y riñones. Se necesitarán ensayos de resultados más grandes y prolongados para responder a esa pregunta.
Por último, aunque el editorial argumenta que “las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deberían seguir siendo la base del tratamiento de la obesidad”, esto pasa por alto la realidad de nuestros entornos altamente obesogénicos. En tales contextos, los medicamentos son esenciales para muchas personas que viven con IMC muy elevados para gestionar su peso de forma eficaz.