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Mario Díaz Esteban

Profesor de investigación del CSIC en el departamento de Biogeografía y Cambio Global del Museo Nacional de Ciencias Naturales y coordinador de la plataforma PTI-Agriambio

Tanto la opinión pública, sobre todo urbana, como la literatura científica (como demuestra este trabajo) tienden a percibir que la tendencia de la ganadería es hacia su aumento global, generando problemas ambientales graves, ligados, sobre todo, a la desertificación por sobrepastoreo. Este trabajo demuestra que esta no es la realidad completa: existe un aumento de las cargas ganaderas (de vacuno, ovino y caprino, los animales que pastan), pero este aumento no se produce de manera homogénea en el planeta. En el 40% de las tierras pastadas (que son el uso más extendido del planeta, el 25 % de la superficie terrestre), las cargas ganaderas están, de hecho, disminuyendo, según las estadísticas oficiales de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). Esta disminución del ganado que pasta en el campo no se asocia con tendencias en el mercado, en el consumo local por persona o con el cambio climático sino, sobre todo, con el aumento del consumo (y comercio) de otras fuentes de carne (pollo y cerdo, normalmente estabulados), del uso de cereales para alimentar al ganado (suplementando el aporte del pasto) y el nivel económico de la zona.  

Las cargas están aumentando en las zonas menos ricas, con más población y que no pueden permitirse alimentar animales estabulados con cereales, y disminuyen, de modo muy notable (hasta el 37 % desde 1999), en países ricos, con poblaciones humanas en disminución y que dedican una parte creciente de su producción agrícola a la producción intensiva de animales estabulados.  

El estado actual de conocimientos, centrado en el estudio de los efectos del sobrepastoreo por aumento de carga ganadera, puede servir para prevenir efectos negativos en las zonas donde el ganado aumenta, pero no para estimar las consecuencias de la disminución de cargas donde está ocurriendo, de igual modo que los efectos de la intensificación agraria no sirven para medir los efectos de la extensificación promovida por políticas agrarias supuestamente sensibles ambiental y socialmente.  

Existen evidencias contundentes, aunque aún poco detalladas por el foco en los efectos del sobrepastoreo, de los posibles efectos negativos de la disminución o pérdida de ganado pastante sobre la biodiversidad, el régimen de incendios, los ciclos biogeoquímicos o el bienestar social y cultural de las comunidades locales. El trabajo concluye con una revisión de estas evidencias y de la necesidad de afinarlas para casos concretos (como el de Europa en general y nuestro país en particular), desarrollando políticas que combatan estos efectos negativos. No solo están resultando impredecibles las consecuencias del cambio en los paisajes agrícolas por el abandono rural y los cultivos subvencionados por sus supuestos beneficios ambientales y sociales, sino que lo mismo ocurre con la ganadería extensiva. Ambas actividades tienen efectos positivos sobre el medio ambiente y las sociedades humanas, difíciles o imposibles de predecir, y por tanto propiciar, con el conocimiento actual sobre los efectos negativos el sobrepastoreo y la intensificación agraria.  

Los autores del trabajo concluyen, muy acertadamente, que se requiere un cambio de paradigma científico para abordar el reto de promover políticas agropecuarias adaptadas a las nuevas realidades mundiales. 

ES