Antonio J. Osuna Mascaró
Investigador posdoctoral en el Messerli Research Institute de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena (Austria), especialista en cognición animal
Este estudio aporta una de las evidencias experimentales más claras hasta la fecha de representaciones secundarias en un individuo de otra especie. Durante años se han acumulado observaciones anecdóticas de chimpancés y bonobos interactuando con objetos imaginarios (desde jugar con cubos invisibles en laboratorio hasta tratar palitos como si fuesen muñecas), pero faltaban demostraciones experimentales. El trabajo de Bastos y Krupenye con Kanzi da ese paso, mostrando que un bonobo puede mantener y actualizar estados imaginados superpuestos a la realidad inmediata.
El diseño es conceptualmente sencillo: Kanzi alternaba ensayos reforzados (donde se le daba un premio) con pruebas no reforzadas (sin premio), en las que debía indicar la localización de zumo o comida imaginarios tras observar acciones de “hacer como si se vertiese en un vaso”. Aunque el rendimiento se sitúa por debajo del 70 % en los experimentos principales (1 y 3), este nivel es esperable en un experimento de esta naturaleza, que se presta fácilmente a distracciones y variabilidad atencional.
Desde una perspectiva más amplia, este trabajo ilustra las dificultades inherentes a estudiar la imaginación en otras especies. Explorar la imaginación de otras especies requiere diseños que, inevitablemente, están profundamente moldeados por nuestra propia forma de interactuar con el mundo. No es casual que el experimento dependa de un sujeto excepcional como Kanzi (tristemente fallecido en 2025), entrenado para comunicarse con humanos: aquí, el lenguaje actúa como una ventana a su mente, de forma similar a lo que ocurrió con Alex, el loro gris que reveló al mundo lo fascinante de la mente de las aves.
Por eso creo que el estudio dice mucho de nosotros y de nuestras limitaciones. No solo ha sido necesario trabajar con Kanzi, sino que el propio diseño experimental es profundamente ‘humano’. En el experimento principal se vierte, con una jarra, un zumo imaginario en un vaso; esto está muy lejos de las formas en las que los grandes simios deben usar las representaciones secundarias en la naturaleza.
Existen evidencias experimentales de monos capaces de manipular mentalmente figuras visuales, y también de ratas capaces de activar voluntariamente representaciones internas de su entorno. Todo ello sugiere que estas capacidades pueden no ser exclusivas de los grandes simios. El reto, a medida que nos alejamos de nuestra propia especie, es diseñar experimentos adaptados a cada especie que permitan evaluarlas sin recurrir a marcos excesivamente antropocéntricos. Necesitaremos diseños que se alejen de la facilidad de preguntar ‘dónde está el zumo’. Será cuestión de tiempo y de creatividad por parte de los científicos que podamos tener una respuesta.