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José Manuel Vaquero

Catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Extremadura

Como investigador en el área de la física terrestre-solar, me sorprende enormemente que se atribuya a un eclipse un impacto tan profundo sobre árboles situados bajo condiciones lumínicas muy por encima de la saturación fotosintética. Un eclipse parcial de poca magnitud, como el registrado en el estudio previo de Chiolerio et al. (2025), genera variaciones ambientales menores que las que produce el paso de una nube densa o de un frente. 

El trabajo publicado por Novoplansky y Yizhaq en la revista Trends in Plant Science cumple con un objetivo crucial: desmontar narrativas atractivas, pero metodológicamente débiles. La investigación sobre el comportamiento vegetal necesita un control de calidad ya que, como hemos visto, es un ámbito susceptible a interpretaciones excesivas, analogías antropomórficas o uso imprudente de conceptos. Este artículo pone orden, recordando que correlación no implica causalidad. 

Desde el punto de vista de la comunicación científica, es fundamental evitar que relatos muy sugerentes para el gran público, como árboles ‘avisándose’ de un eclipse, oculten la necesidad de evidencias sólidas. La atención mediática que recibió el estudio de estos árboles sensibles a los eclipses demuestra que las historias espectaculares pueden propagarse sin un análisis crítico. Y esto es muy peligroso. 

Por último, este estudio invita a reflexionar sobre la necesidad de experimentos reproducibles, con controles ambientales estrictos y una consideración adecuada de alternativas explicativas como tormentas, descensos térmicos o rayos. La ciencia de los eclipses, que históricamente ha sido un laboratorio natural de precisión extrema, no puede permitirse interpretaciones especulativas sin fundamento que terminarán a medio plazo socavando el interés por la ciencia de la sociedad en general.

ES