Refutan que los árboles puedan anticipar un eclipse solar, como señalaba un estudio de 2025
La afirmación de que un tipo de coníferas —los árboles Picea abies— puedan anticipar un eclipse solar a través de señales eléctricas se basa “en interpretaciones especulativas y supuestos evolutivos no sustentados”, según un artículo de opinión publicado en la revista Trends in Plant Science. El trabajo refuta otro del 2025 que afirmaba que estos árboles sincronizaron su comportamiento bioeléctrico horas antes de un eclipse solar en la región de los Dolomitas en Italia. Según los autores del nuevo artículo, esta actividad eléctrica se puede explicar por cambios de temperatura y descargas eléctricas atmosféricas.
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Javier Armentia
Astrofísico, comunicador científico y exdirector del Planetario de Pamplona
En 2013, el informático italiano Alberto Brandolini estableció un principio que se viralizó y marca un poco el signo de cómo es la comunicación en estos tiempos. Él escribió: “La cantidad de energía necesaria para refutar tonterías es un orden de magnitud mayor que la necesaria para producirlas” y, aunque sería imposible demostrar esta asimetría (y menos valorarla), he recordado esta ley al leer el demoledor y documentado artículo de Novoplansky y Yizhaq sobre la afirmación de que los eclipses podrían ser predichos por alguna especie vegetal, como la picea de un bosque italiano.
Cuando en la primavera del año pasado Chiolerio y colaboradores afirmaron haber encontrado que los árboles de un bosque en los Dolomitas eran capaces de presentir que iba a suceder un pequeño eclipse parcial, midiendo una serie de señales eléctricas que se alteraban –más cuando los árboles eran de más edad que en los árboles jóvenes–, la noticia recorrió el panorama de las noticias sorprendentes, esa ciencia curiosa que adorna ahora con profusión los medios y rellena espacios de entretenimiento.
Tenía los elementos adecuados, empezando por una especie de inteligencia vegetal colectiva, un tema de moda en la ciencia pop de estos últimos años, capaz de comunicar estados relativamente complejos. Jugaba con la ventaja de la atracción que nos producen los eclipses como fenómenos sorprendentes de la naturaleza, algo que siempre ha permitido colar especulaciones dándoles cierta plausibilidad. La Luna, sin duda, un tema que va y viene en su relación con las diferentes fases de la vida y todo tipo de acontecimientos que por más que la ciencia haya desmontado hace siglos seguirá siendo algo relativamente querido. Finalmente, si se dota a todo de un entramado científico suficientemente elaborado, parece que la investigación nos devuelve a la realidad un hecho de resonancias cósmicas.
Pero desmontarlo, y ese es el trabajo de Novoplanski y Yizhak, exige ir más allá y comprobar si esta apariencia científica se soporta. Cuesta mucho más y de hecho pocas veces alguien llega a tomarse el trabajo de hacerlo; por eso conviene leer este trabajo que va desmontando una por una las suposiciones en las que se basa la afirmación casi sobrenatural inicial. Ni hay mecanismos por los que un pinar pueda reaccionar a pequeñas bajadas de luz que no se producen de manera habitual ni interfieren con los procesos vegetativos, ni las mediciones de esa conducta anticipatoria se explicaban por el eclipse sino por, probablemente, una noche fría sufrida unas horas antes.
Es gratificante leer cómo desde la racionalidad y el conocimiento experto los autores han hecho este ejercicio que muestra cómo, aunque hay que gastar mucha más energía en desmontar un bulo que en crearlo, la ciencia acaba avanzando con estos pasos que, como parafrasea el título, evitan un eclipse de la razón.
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José Manuel Vaquero
Catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Extremadura
Como investigador en el área de la física terrestre-solar, me sorprende enormemente que se atribuya a un eclipse un impacto tan profundo sobre árboles situados bajo condiciones lumínicas muy por encima de la saturación fotosintética. Un eclipse parcial de poca magnitud, como el registrado en el estudio previo de Chiolerio et al. (2025), genera variaciones ambientales menores que las que produce el paso de una nube densa o de un frente.
El trabajo publicado por Novoplansky y Yizhaq en la revista Trends in Plant Science cumple con un objetivo crucial: desmontar narrativas atractivas, pero metodológicamente débiles. La investigación sobre el comportamiento vegetal necesita un control de calidad ya que, como hemos visto, es un ámbito susceptible a interpretaciones excesivas, analogías antropomórficas o uso imprudente de conceptos. Este artículo pone orden, recordando que correlación no implica causalidad.
Desde el punto de vista de la comunicación científica, es fundamental evitar que relatos muy sugerentes para el gran público, como árboles ‘avisándose’ de un eclipse, oculten la necesidad de evidencias sólidas. La atención mediática que recibió el estudio de estos árboles sensibles a los eclipses demuestra que las historias espectaculares pueden propagarse sin un análisis crítico. Y esto es muy peligroso.
Por último, este estudio invita a reflexionar sobre la necesidad de experimentos reproducibles, con controles ambientales estrictos y una consideración adecuada de alternativas explicativas como tormentas, descensos térmicos o rayos. La ciencia de los eclipses, que históricamente ha sido un laboratorio natural de precisión extrema, no puede permitirse interpretaciones especulativas sin fundamento que terminarán a medio plazo socavando el interés por la ciencia de la sociedad en general.
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Ariel Novoplansky and Hezi Yizhaq
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