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Olga Zamora

Astrónoma de soporte en el Instituto de Astrofísica de Canarias

El estudio se basa en mediciones directas con láser desde tierra y en modelos atmosféricos avanzados, por lo que su metodología es sólida y coherente con el estado actual de la ciencia. Encaja con trabajos previos que ya habían detectado metales de reentrada en la estratosfera y advertían del impacto creciente del tráfico espacial, pero aporta una novedad importante: es la primera vez que se observa y se rastrea en tiempo y altura una ‘pluma’ de litio procedente de la reentrada de un Falcon 9, demostrando que la contaminación puede detectarse incluso a unos 100 km de altura.  

Como limitación, se trata de un único evento y no permite todavía evaluar el impacto acumulado sobre el clima o la capa de ozono. En la práctica, el estudio es relevante porque muestra que es posible vigilar la huella atmosférica de los satélites y cohetes, y sugiere que, ante el aumento de reentradas, conviene reforzar la monitorización internacional, mejorar los inventarios de materiales utilizados y evaluar de forma preventiva sus posibles efectos ambientales a largo plazo.

ES