Autor/es reacciones

Sagrario Ortega

Jefa de la Unidad de Edición Genómica en Ratón

Desde que Dolly se convirtió en 1997 en el primer mamífero clonado a partir de una célula totalmente diferenciada, la clonación se ha visto como una herramienta con gran potencial en agricultura, ganadería y conservación de especies. Sin embargo, a diferencia de las plantas o animales más simples, la clonación de mamíferos enfrenta limitaciones importantes que no son solo técnicas. 

El grupo de Teruhiko Wakayama en Japón, que en 1998 clonó el primer ratón a partir de células terminalmente diferenciadas del ovario, publica ahora en Nature Communications un estudio que resume casi 20 años de trabajo. Este trabajo demuestra que la clonación seriada en ratones —es decir, generaciones sucesivas de animales nacidos por transferencia nuclear sin intervención de la reproducción sexual— reduce notablemente el número de nacimientos a partir de aproximadamente 25 generaciones, y tras unas 50 generaciones se vuelve incompatible con la vida. Los autores señalan que la acumulación de daños en el material genético de los núcleos transferidos en cada generación es la principal causa del deterioro reproductivo, aunque los animales nacen aparentemente normales. 

Estos hallazgos destacan la importancia de la reproducción sexual en los mamíferos. Al mezclar material genético de dos individuos, la reproducción sexual ayuda a reparar mutaciones dañinas y asegura la supervivencia de la especie, lo que explica por qué la evolución ha favorecido este mecanismo durante cientos de millones de años. La clonación es una herramienta útil en investigación y para ciertas aplicaciones biotecnológicas, pero nunca debería traspasar la frontera de su aplicación en humanos. La naturaleza va siempre por delante de la ciencia.

ES