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Víctor Fernández-García

Profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León

El estudio estima cuantitativamente el beneficio que tienen los incendios de baja severidad en cuanto a emisiones de humo. A partir de datos de más de 1.000 incendios en California y de simulaciones, los autores calculan que una aplicación sostenida de incendios de baja severidad en bosques de coníferas podría reducir en torno a un 10 % la contaminación acumulada de partículas finas de humo (PM2.5) causada por incendios tras una década. La lógica es que en incendios poco severos buena parte del combustible (por ejemplo, troncos o materia orgánica del suelo) no arde. Además, disminuyen la continuidad del combustible y evitan grandes acúmulos que favorecen incendios muy severos, donde todo o casi todo arde, resultando en una emisión de gran cantidad de humo. Es un trabajo sólido por la cantidad de datos y el enfoque usado, aunque conviene recordar que no todos los ecosistemas responden igual. 

Para España, la conclusión de fondo es muy pertinente, ya que tras décadas de abandono rural y de políticas centradas en apagar todos los incendios posibles, hemos acumulado combustible y aumentado la probabilidad de incendios extremos, como los vividos en el verano de 2025. California no es España, pero sí ofrece una advertencia útil sobre una más de las consecuencias de la supresión sistemática del fuego. Aquí, el pastoreo de incendios de bajo riesgo, las quemas controladas o las quemas prescritas son técnicas infrautilizadas que generalmente resultan en incendios de baja severidad. Sabíamos que estas quemas sirven para reducir la severidad de incendios futuros y evitar episodios catastróficos, y ahora, tras este estudio, también podemos decir que pueden ser útiles para proteger la calidad del aire a medio plazo. El acúmulo de evidencias científicas en favor de este tipo de técnicas debería tener consecuencias en la elaboración y aplicación de políticas de gestión del fuego y del paisaje.

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