Eduardo Rojas Briales
Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO
La metodología empleada es sólida y rigurosa propia de análisis de contaminación atmosféricas. Obviamente, la orografía de un lugar concreto combinada con la meteorología del momento puede afectar al resultado de las mediciones, sobre todo si las trasladamos a otras zonas como sería, por ejemplo, el Mediterráneo.
Se habían tratado con anterioridad los efectos de la contaminación atmosférica ocasionados por los grandes incendios, así como por las quemas prescritas. Pero solo excepcionalmente se habían abordado –y menos a esta escala– los trade-offs entre el riesgo de grandes incendios y su efecto sobre la salud humana respecto a las emisiones ocasionadas por las quemas prescritas, integrando a su vez la probabilidad de reducción de la superficie quemada y, por lo tanto, de gases emitidos gracias a su función preventiva.
Como indicado [más arriba], el clima, la orografía y la densidad de población varían mucho entre unas zonas y otras, resultando clave este tipo de investigación para zonas con problemas de ventilación en las épocas más susceptibles para quemas prescritas, mientras que en zonas con suficiente ventilación sería menos relevante. Ofrece elementos para contrargumentar con solvencia en el caso de recursos judiciales contra las quemas prescritas, que en Norteamérica o Australia las han frenado con frecuencia, cuando se pueda demostrar que el riesgo de emisiones mucho mayores por ausencia de quemas prescritas sea el mal mayor a evitar.
En Europa, la tradición de quemas prescritas –tanto las realizadas por la población rural como los servicios forestales o de extinción– es considerablemente menor en comparación con el Oeste de Norteamérica. Pese a ello, se van expandiendo, aunque quizás no con la intensidad deseable. Aquí, los recursos de la población no son el impedimento principal, sino la disponibilidad de efectivos capacitados, las ventanas de oportunidad limitadas en bastantes zonas, y el apoyo por parte de los actores locales en zonas donde tengan poco arraigo, tras decenios de extinción de todo fuego.
Un caso paradigmático es el de los GRAF de Bombers de Catalunya que ha ido expandiendo [las quemas prescritas] por todo el territorio, llegando a su límite operativo. Actualmente, están considerando delegar ciertas quemas en profesionales expresamente entrenados en esta materia. La información y complicidad de los ayuntamientos también resulta clave, especialmente debido al alto minifundismo de la propiedad, sobre todo en las zonas costeras donde la interfaz urbano-forestal exacerba el problema. En todo caso, una evaluación objetiva, con sólida base científica, resulta clave para superar los frenos a actuaciones preventivas sobre los terrenos forestales y zonas agrícolas o de interfaz urbano-forestal manifiestamente abandonadas, cuando se demuestre que los factores en juego entre un megaincendio y las actuaciones preventivas –y especialmente las quemas prescritas– (coste, emisión de gases, riesgos para las personas y bienes, etc.) y los efectos de estas se sitúen en umbrales que comporten decisiones obvias por parte de los responsables de prevención de incendios.