Carlos García-Soto
Investigador del CSIC (IEO), responsable de la Unidad de Evaluación del Sistema Océano-Clima, coordinador del Informe Oceánico Mundial (WOA, Naciones Unidas) y delegado en la COP de Cambio Climático (UNFCCC), el Tratado de Alta Mar (BBNJ) y la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA)
Los datos presentados por Copernicus son robustos porque proceden de dos sistemas independientes de observación que llegan a la misma conclusión. Además, el resultado es consistente con lo que cabía esperar en un contexto de calentamiento sostenido del océano sobre el que ahora comienza a actuar un nuevo episodio de El Niño. Más que un dato aislado, este récord debe interpretarse como el resultado de la interacción entre la variabilidad natural del sistema climático y el calentamiento sostenido del océano debido al cambio climático.
Estas observaciones son coherentes con una Correspondence publicada en Nature el pasado 18 de junio, en la que planteo que el principal riesgo de los próximos episodios de El Niño puede no ser un El Niño más intenso, sino un El Niño actuando sobre un océano que ya acumula una cantidad excepcional de calor. En ese contexto, impactos como olas de calor marinas, sequías, inundaciones, incendios o pérdidas agrícolas, que tradicionalmente tendían a distribuirse de forma más escalonada en el tiempo y entre regiones, pueden producirse de manera cada vez más simultánea, aumentando la presión sobre los ecosistemas y sobre la capacidad de respuesta de nuestras sociedades.
Este trabajo plantea tres prioridades para las políticas públicas. En primer lugar, prepararnos para afrontar impactos climáticos simultáneos en distintas regiones y sectores. En segundo lugar, proteger los tiempos de recuperación de los sistemas de respuesta que ya operan cerca de sus límites. Y, por último, incorporar de forma explícita el calor persistente del océano en la planificación y coordinación del riesgo climático durante los grandes episodios de El Niño.