Uxue Uria Pujana
Un premio más que merecido. La vida es quiral y, en el caso de muchas moléculas esenciales, como los aminoácidos o los azúcares, la naturaleza se ha quedado mayoritariamente con uno de los dos posibles enantiómeros. ¿Cómo se llegó hasta ahí? Esa sigue siendo una de las grandes preguntas relacionadas con el origen de la vida. Y aquí es donde los trabajos de Kagan y Soai resultan fascinantes: Kagan mostró que la relación entre la pureza enantiomérica de un catalizador y la del producto no tiene por qué ser lineal y que pequeñas diferencias de quiralidad pueden amplificarse de forma sorprendente. Soai llevó esta amplificación a un nivel extraordinario mediante la autocatálisis asimétrica, en la que el propio producto cataliza su formación, haciendo posible que una diferencia inicialmente casi insignificante entre dos enantiómeros acabe dando lugar prácticamente a uno solo. Un ejemplo espectacular de cómo algo muy pequeño puede terminar marcando una enorme diferencia.