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Adrian Hugo Aginagalde

Portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud pública y Gestión sanitaria (SEMPSPGS) y Profesor asociado de Salud Pública de la Universidad de Deusto

Este trabajo propone que el último brote de peste conocido en España (dentro de la segunda pandemia) se debió principalmente a peste septicémica y neumónica (de transmisión de persona a persona). Los investigadores recurren para ello al análisis matemático de la dinámica de la enfermedad y a las fuentes históricas.  

Sustentan su investigación en dos preguntas: ¿el ciclo clásico rata-pulga-humano explica por sí solo la introducción, velocidad y síntomas descritos? ¿La transmisión se dio principalmente de los ectoparásitos de los roedores a humanos o fue la transmisión de persona a persona (ectoparásitos y gotas) la que dominó?  

Los autores proponen que la entrada se produjo a través de un barco de contrabando y estiman una letalidad (CFR: 78 %) y una duración del periodo infeccioso (alfa) de 2,05 a 2,86 días.  

La identificación paleomicrobiológica puede en ocasiones establecer la presencia de un patógeno, pero no identificar el mecanismo de transmisión ni la forma de una enfermedad. Además, en muchas ocasiones, resulta totalmente imposible o su interpretación resulta complicada por problemas de contaminación, coidentificación de otros microorganismos, no preservación del patógeno causal, pero sí de otros microorganismos comensales, etc.  

En cambio, los parámetros epidemiológicos como el periodo infeccioso, la letalidad o el R0 permiten delimitar los mecanismos de transmisión a través de la dinámica de la epidemia. El periodo infeccioso es muy corto en ese caso, la CFR altísima y R0 similar a otros brotes caracterizados en la literatura. Estos mecanismos son específicos de cada patógeno o forma de la enfermedad. No permiten hacer un retrodiagnóstico por sí solos, pero sí ayudan a discriminar las posibles causas, especialmente cuando hay convergencia con las fuentes históricas (alta letalidad, rápida propagación, patrón de transmisión entre contactos de casos, casos sin bubones en la descripción clínica, etc.). Aun así, hay que matizar que las fuentes históricas utilizadas por los autores no parecen encontrar la clínica respiratoria típica de la peste neumónica que hemos podido conocer mejor en las últimas epidemias del siglo XXI.  

Esta investigación aporta evidencias sobre una forma mal conocida de la peste en España, permite reconstruir su dinámica de transmisión desde una introducción marítima y se integra en la corriente que intenta dilucidar el papel de la transmisión persona a persona en algunas de las epidemias mal conocidas de la segunda pandemia de peste.

ES