Alfonso Valencia
Profesor ICREA y director de Ciencias de la Vida en el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona (BSC)
El informe de la United Nations University – Institute for Water, Environment and Health aporta nuevos datos sobre las huellas de agua, suelo, carbono y residuos asociadas al auge de la IA. Sin ser temas nuevos, analizarlos y cuantificarlos aporta claridad y nos enfrenta con lo que es, sin duda, un enorme problema.
El documento presenta escenarios en los que el consumo de recursos crece hasta 2030 incluyendo recursos hídricos y de suelo junto al crecimiento de la producción de CO2. Es importante resaltar que el informe usa cifras reales para hacer proyecciones mediante unos modelos, por tanto, dependen de supuestos críticos sobre la cuota de IA en el consumo de centros de datos, los avances de eficiencia energética, la composición de la factura eléctrica regional y las técnicas de refrigeración aplicadas, entre otros; y pueden variar en función de posibles mejoras de eficiencia o adopción de modelos en dispositivos (en vez de data centers) o de cambios regulatorios o políticos. Por tanto, las cifras deben interpretarse en este contexto y no considerarlas como verdades absolutas. En cualquier caso, las proyecciones sitúan el consumo eléctrico desde cientos hasta casi mil TWh para 2030, equivalente al consumo de 1,3 mil millones de personas en África subsahariana durante cinco años.
Algunos datos quizás menos conocidos son relevantes para los usuarios. Por ejemplo, la inferencia, las respuestas cotidianas a usuario, parece consumir tanto o más que el entrenamiento de los modelos. Simplemente, manteniendo los prompts con la información mínima necesaria y pidiendo respuestas cortas y concisas se ahorraría una enorme cantidad de recursos.
Aunque la información que aporta el informe es interesante, echo en falta un análisis más detallado del impacto de los distintos usos, por ejemplo, modelos de gran escala versus modelos en dispositivos, o aplicaciones científicas sobre uso recreativo, comparando usos sociales de alto valor (investigación, usos en medicina) con usos como la creación masiva de contenido de entretenimiento.
Por su carácter técnico, el informe habla de modo general de cómo los centros de datos deben integrarse en la planificación energética, hídrica y de uso del suelo, aplicando evaluaciones de impacto acumulado que consideren otras demandas locales. En este sentido, el informe parece quedarse corto respecto a la evaluación de la situación geopolítica y sobre el problema real que representa la concentración de la capacidad de decisión en unas pocas empresas; personalmente, encuentro que la reciente encíclica [del papa León XIV] ofrece un perspectiva mucho más completa e interesante.