Andrés Arias
Profesor titular del área de Zoología en la Universidad de Oviedo
El estudio publicado por Sara Jobson y colaboradores en Science Advances es sólido y está bien diseñado: combina el seguimiento a largo plazo, análisis celulares, histológicos y pruebas metabólicas para demostrar que ciertos tejidos del pepino de mar Psolus fabricii permanecen vivos y funcionales durante años fuera del organismo. Esta especie de invertebrado pertenece al grupo de los equinodermos, junto con las estrellas de mar, las ofiuras, los erizos de mar y los crinoideos, animales conocidos por su gran capacidad de regeneración y, en algunas especies, por su capacidad de reproducción asexual.
La principal implicación de este trabajo es que cuestiona la idea tradicional de que un tejido complejo no puede mantenerse vivo fuera del organismo sin condiciones artificiales estrictas. Los fragmentos o explantes de tejido conservaron su organización tisular, actividad inmune y metabolismo activo durante todo el periodo de estudio, algo diferente de las líneas celulares ‘inmortales’ clásicas.
No obstante, es importante tratar el término ‘inmortalidad’ con cautela, ya que aquí hace referencia a la ausencia observable de deterioro tisular durante el tiempo estudiado, no a una vida eterna ni a una aplicación inmediata en el ser humano. El trabajo demuestra una supervivencia extraordinariamente prolongada de determinados tejidos de esta especie en condiciones ‘naturales’, pero no una ‘inmortalidad’ absoluta. Todavía no se sabe si existe envejecimiento celular real a muy largo plazo ni cuáles son exactamente los mecanismos moleculares responsables de este fenómeno.
Su utilidad potencial es especialmente interesante, ya que los tejidos de esta especie podrían convertirse en nuevos modelos experimentales para estudiar regeneración, envejecimiento, toxicidad, inmunología e ingeniería de tejidos y podría revolucionar la biomedicina del siglo XXI.