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Carlos García-Soto

Investigador del CSIC, responsable de la Unidad de Evaluación del Sistema Océano-Clima y colaborador en procesos internacionales de Naciones Unidas sobre cambio climático y océanos

El valor de esta décima edición del Copernicus Ocean State Report (OSR10) no está solo en documentar un océano en transformación, sino en mostrar cuánto mejora nuestra capacidad de interpretar esos cambios cuando disponemos de observaciones sostenidas y de diferentes formas de medirlos. El paso de conocimiento a acción es, de hecho, uno de los ejes del informe. Pero esa traducción hacia la decisión exige conservar las diferencias entre escalas, lugares y tipos de riesgo: una tendencia global o regional no determina por sí sola cómo se materializarán sus consecuencias en una costa concreta.  

Las tendencias globales indican hacia dónde cambia el océano; el riesgo se decide muchas veces a escala local. El Mediterráneo lo muestra con claridad. La subida del nivel del mar no es uniforme ni lineal: el Mediterráneo occidental se ha acelerado desde comienzos de este siglo, mientras que el oriental ha mostrado una trayectoria más variable y una aceleración reciente; además, la evolución local puede apartarse temporalmente de la tendencia de la cuenca. La borrasca Louis ofrece otra demostración. Langosteira y Tarragona superaron ambos sus umbrales históricos del percentil 99 de viento y oleaje, pero los impactos fueron distintos: en Langosteira el episodio fue más prolongado, unas 33 horas, mientras que Tarragona sufrió un periodo más corto, pero más intenso. La orientación de los puertos y la configuración de sus diques explican buena parte de esa diferencia. Un mismo episodio extremo no produce necesariamente el mismo riesgo cuando cambian las condiciones locales. 

En ese sentido, la ficha titulada Spain debe leerse como un ejemplo de conocimiento en acción, no como una síntesis representativa de todo lo que el propio informe muestra sobre el océano alrededor de España. El OSR10 contiene, además, un indicador mejorado de extremos de temperatura superficial para la región península ibérica–golfo de Vizcaya–Irlanda, que combina varios productos de observación e incorpora explícitamente su incertidumbre; analiza también la evolución local del nivel del mar en Barcelona, Ibiza, Mallorca y Melilla. Y, en el contexto mediterráneo, registra un aumento de los días de ola de calor marina, con 2024 alcanzando el mayor número de esos días de las dos últimas décadas y una temperatura media 1,23 °C por encima de la referencia 1982–2024.  

Por eso, una de las enseñanzas más útiles del informe para la adaptación es que pasar de conocimiento oceánico a decisiones no consiste simplemente en trasladar una señal global hacia abajo. Requiere conectar tendencias amplias con observaciones, infraestructuras y condiciones específicas de cada lugar. El cambio oceánico puede ser global; la forma en que se convierte en riesgo —y muchas de las decisiones necesarias para afrontarlo— es necesariamente regional y local.

ES