Consuelo Giménez Pardo
Profesora titular de la Universidad de Alcalá y vocal de Gestión del Conocimiento e Investigación de Médicos del Mundo
Desde siempre las travesías por mar, por lo que implica de individuos encerrados en espacios pequeños en situaciones de contacto próximo, han generado transmisión de enfermedades infecciosas que suponían un paso de cuarentena por lazaretos antes de adentrarse en puertos seguros. La presencia en barcos de ratas, ratones, insectos y artrópodos ha sido una constante mitigada a lo largo de los siglos por el aumento y mejora de las condiciones higiénico-sanitarias y medioambientales.
Sin embargo, no todas las enfermedades infecciosas son iguales en cuanto a su transmisibilidad y letalidad. Tenemos, recientemente casos de hantavirus en un crucero de lujo en el que han enfermado y fallecido varias personas y la alarma ha sido máxima; un despliegue de información que no veíamos desde la covid-19 que nos indica que el miedo sigue ahí. Sin embargo, los movimientos de personas, animales y el comercio, la invasión cada vez mayor de ecosistemas propios de animales por parte del hombre y el riesgo de transmisión de enfermedades zoonóticas, pero, también la rapidez con la que nos movemos hace que lleguemos más rápido a cualquier parte del mundo de lo que tarda el periodo de incubación de una enfermedad infecciosa. Y sabemos de la transmisión y baja letalidad de este virus, pero esto, sin duda, volverá a pasar con otros organismos, claro que sí, y deberemos estar preparados.
Por una parte, invirtiendo en vigilancia epidemiológica, por la otra, aplicando los protocolos que existen y se revisan periódicamente ante las diferentes situaciones de emergencia. Protocolos como los que ha elaborado el Gobierno de este país, que están relacionados con los protocolos que marcan organismos supranacionales como la OMS; siempre a partir del trabajo conjunto con los técnicos profesionales del más alto nivel que tenemos, con formación y experiencia para abarcar este tipo de situaciones y con un sistema sanitario, tocado, pero aún fuerte, capaz de responder ante estas amenazas. Pero, sobre todo, la necesidad básica de trabajar de manera coordinada con afán constructivo entre todos: políticos, científicos, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil, entendiendo que esta ‘guerra’ frente a las enfermedades infecciosas es larga y será dura, quizás con pequeños éxitos en algunas batallas, pero que nos va a mantener siempre en guardia. Nos va la supervivencia como especie en ello.