David Alonso González
Investigador en el Instituto de Física Teórica UAM-CSIC y en el departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid
El Nobel a Halzen es un reconocimiento a la importancia que ha adquirido en las últimas décadas la astrofísica de partículas y, en particular, la astrofísica de neutrinos. Los neutrinos son partículas extraordinariamente difíciles de detectar, debido a sus débiles interacciones con la materia ordinaria, pero precisamente por eso pueden atravesar enormes distancias sin ser absorbidos o desviados, actuando como ‘mensajeros’ que nos permiten observar fenómenos astrofísicos que no pueden ser estudiados de la misma manera con la luz.
IceCube, el experimento cuyo desarrollo fue impulsado por Halzen, ha logrado identificar neutrinos de muy alta energía, incluso del orden de PeV (cientos de veces más energéticos que las partículas que producimos en colisionadores como el LHC en el CERN) y ha conseguido asociar algunos de estos neutrinos con fuentes astrofísicas concretas, como galaxias activas, abriendo una nueva ventana para estudiar los aceleradores de partículas naturales más extremos del universo.
El premio reconoce así no solo un descubrimiento concreto, sino también una dirección que, en mi opinión, será cada vez más importante para el futuro de la física de partículas: estudiar la física fundamental no solo en los aceleradores terrestres, sino también a través de la detección de las partículas mensajeras que nos llegan desde el universo profundo.