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Eduardo Rojas Briales

Profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO

Aún no ha terminado julio y en España han ardido casi 120.000 hectáreas. ¿Esperabas un verano así?   

"Desde que tenemos estadísticas, julio es el peor mes con alguna contada excepción, dado que es cuando se juntan los días más largos y con ello, menor opción de rocío y menor precipitación mensual del año, además de una mayor verticalidad de los rayos de sol y menor nubosidad. La semana que comenzó el 4 de julio de 1994 ha sido en la que más hectáreas se han quemado en España, con distancia.  

Llevamos, desde octubre de 2024 hasta abril de este año, un periodo muy lluvioso y además en toda España, con lo que la carga de herbáceas secas es considerable, dado que le han seguido tres meses extremadamente secos. Al menos en los años secos, la vegetación herbácea disponible es mucho menor. Por otro lado, estamos observando un aumento de los incendios no típicamente forestales (interfaz urbano-forestal: Los Gallardos, Almería; Guadalajara y Aragón), varios vinculados a la cosecha de cereal en un año de mucha cosecha y donde se teme por su pérdida por incendios, lo que puede generar una mayor presencia de incendios por cosechadoras. Pero por otra parte, si se cosecha, se reduce el combustible y además podría labrarse para generar discontinuidad del rastrojo dado que cuanto más ligero el combustible, más corre. 

Por otro lado, las estimaciones de Copernicus suelen exagerar la superficie quemada, dado que obvian las zonas que quedan dentro del perímetro y que no se queman por múltiples causas, así como las zonas que no son forestales (agrícolas, urbanas, infraestructuras, embalses, etc.). De hecho, el MITECO confirmó el año pasado que de las 400.000 hectáreas que anunciaba Copernicus solo eran forestales 300.000, de las cuales arboladas 100.000, con lo que, pese a ser uno de los peores años desde el 2000, el avance del bosque de forma espontánea en nuestro país y que se estima en al menos 130.000 hectáreas al año, más las repoblaciones compensan con creces incluso un año como el pasado en término de superficie de bosques".   

¿Qué ha fallado en la prevención? 

"Hay que recordar que la prevención —que es donde se encuentra la clave de este reto— tiene dos acepciones: la estricta o administrativa y la integral. La primera se limita a disponer de efectivos suficientes, sistemas de observación, seguimiento meteorológico de calidad y afinado al territorio, seguimiento de la humedad del combustible (especies indicadoras), balsas de agua, accesos en condiciones, desbroces de carreteras y pistas forestales, mantenimiento de cortafuegos, etc. La segunda aborda adicionalmente el estado de abandono muy generalizado de las superficies forestales, sobre todo, las ubicadas en zonas más secas y para nada rentables y propicias a arder, y predominio del minifundio, cultivos abandonados en proceso de devenir masas forestales y matorral y pastizales, en la mayor parte de casos, abandonados. 

En la primera, que es a la que las administraciones se refieren cuando se les pregunta, estamos razonablemente bien, salvo la observación meteorológica donde la zonificación es insuficientemente detallada en las zonas de montaña —al menos, en el Mediterráneo— para, en caso de incendio, poder predecir el viento en las siguientes 6-8 horas y evitar riesgos innecesarios al personal de extinción. Meteocat, por el contrario, ofrece a los bomberos de la Generalitat un gran detalle y fiabilidad. Por otro lado, en cuanto se entra en zonas protegidas, la red de vías forestales deja de ser suficiente y dificulta con ello el acceso a los montes en caso de incendio, como se pudo comprobar a finales de agosto del año pasado en la Sierra Norte de Guadalajara en el que se quemaron bosques a 2.000 metros de altitud simplemente por no ser accesibles, por lo que se deberá revisar la normativa ambiental y el sometimiento de vías de acceso para incendios a impacto ambiental, cuando en el caso de actuaciones mucho más impactantes se buscan y encuentran formas de aligerarlas (por ejemplo, la ampliación del puerto de Valencia). 

Pero el verdadero cuello de botella es la prevención sensu amplio y donde el abandono rural es el problema central, tanto en su dimensión demográfica, como de la agricultura y la ganadería, y donde es perentorio integrar los incendios dentro de la PAC para construir territorios resilientes. Amplias zonas como las afectadas este año en Guadalajara y Aragón se caracterizan por densidades demográficas ínfimas propias de Laponia o Siberia, pese estar rodeadas de las zonas más pobladas de España y, además, su población casi toda está jubilada. Como bien indica Marta Corella, exalcaldesa de Orea, “un pueblo que no huele a madera, olerá a humo”. Nos equivocamos si pensamos que podemos dejar una parte considerable de nuestro territorio en un limbo y sin gestión alguna. Lo que estamos viendo es el boomerang de esa falta de criterio exacerbada por el sueño de un espacio salvaje que no ha existido aquí, al menos, en los últimos 500.000 años, cuando el ser humano dominó el fuego".   

¿Qué previsiones haces para lo que queda de verano? 

"No se ve una mejora de las condiciones meteorológicas por ahora, pese a que la media indica que agosto supone una mejora en términos de precipitación —pero también más riesgo por rayos—, duración de la noche y rayos de sol menos verticales. También hemos de considerar que la sequía que está padeciendo Francia es épica y que podríamos no poder contar con medios de otros países si la situación se agrava en nuestro entorno. Positivo es que Portugal está teniendo un año medio y confiemos en que no empeore". 

ES